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albornoz Bang

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Iä! Iä! Cthulhu fhtagn!

Iä fhtagn¡

 


Maravilloso y hacendado

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albornoz Bang

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Joder, la vi el otro día y qué mala es. Menos mal que salen las tetas de la Meroño...

 

Aun así seguro que está TOP5 de las mejores adaptaciones cinematográficas... pf

 

Postada: Hummmmm... pechotes No euclidianos...


Maravilloso y hacendado

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Memnoch Freezer

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Octubre finiquitado. Este mes he leído una mierda comparado con otros; no sé por qué, pero tengo casi documentado que me da la bajona lectora los últimos meses del año para recuperar las ganas en enero. En fin, habrá que superar el trance como buenamente pueda. Por lo menos he terminado Los filósofos presocráticos. ¿Próxima parada? Probablemente Aristóteles.

Empiezo con La tierra baldía: Prufrock y otras observaciones, una obra de T. S. Eliot que ha sacado a relucir de nuevo mi incapacidad para disfrutar de la poesía, o de sentir lo que se supone que tiene que transmitir, y más cuando son poemas largos. Lo he leído tanto en inglés como en español, pero no sé si soy yo que le busca cinco pies al gato en cada verso, oscuras referencias quizá inexistentes a autores anteriores, simbologías, metáforas continuas... pero me dejan exhausto. Quizá debería dejarme llevar por las imágenes que forman las palabras y no tanto por lo que pueden significar entre líneas. En fin, por lo menos con cada nuevo libro de este palo aprendo un poco más.


Incluye también Prufrock y otros poemas de juventud del autor, y la introducción corre a cargo del traductor y poeta Andreu Jaume, que habla de la vida de Eliot y su ansia por distanciarse del estilo poético de su época y acercarse más a ejemplos del pasado: Homero, Dante... Me ha sorprendido la literalidad de la traducción, donde muchas veces la clásica rima final en los versos se obviaba por alguna otra musicalidad que era incapaz de detectar. Me gustaría releerlo en un futuro, cuando le tenga cogido mejor el tranquillo a esto de la poesía.

Sigo con Pan de Knut Hamsun. Con un título como ese lo primero que pensé es que sería otro dramón como Hambre,  pero qué va, no lo es... tanto. Se refiere al Pan mitológico, deidad de la naturaleza salvaje y la sexualidad masculina, por el modo de vida de Glahn, el protagonista, que habita en una cabaña solitaria en la linde de un bosque noruego y un pueblito; y también porque no deja escapar la ocasión para beneficiarse de las muchachas que van a verle por curiosidad, por la «mirada salvaje» que desprende. El caso es que él se siente en paz en la naturaleza, caza para sobrevivir y da largos paseos por el bosque, pero su quietud se ve perturbada cuando se enamora de la hija del alcalde. Al principio la atracción es mutua, pero pronto se trunca porque Edvarda, la chica, no lo ve como una relación seria. A partir de ahí, entre celos, desquites y venganzas, todo se precipita. Destaco el epílogo que nos muestra al protagonista desde otro punto de vista.

 

Muy buen libro, no tan impactante como Hambre, pero que vale mucho la pena. Me ha gustado sobre todo el sosiego que transmite la naturaleza y la forma de vida de Glahn.

También di buena cuenta de Las ciudades invisibles de Italo Calvino, donde Marco Polo relata al emperador de los tártaros Kublai Kan toda suerte de ciudades inexistentes, pero que gozan de una imaginación portentosa. En no pocas ocasiones podría haberlo firmado Borges tranquilamente. Algunas de ellas parecen conceptos sobredimensionados de las ciudades actuales: la contaminación, la soledad, etc., mientras que otras son la viva imagen del surrealismo y la magia, como ciertas villas de Baten Kaitos de significación onírica. Lo recetaría como estimulante del estro a cualquier artista en horas bajas. Me ha gustado un montón y espero leer más cosas de Calvino.

Cayó también El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Lo tenía pendiente desde hace tiempo, y aproveché para leerlo después de ver Apocalypse Now, que es un peliculón. En esta obra, Conrad cuenta en boca de Marlow, el protagonista, la historia de cuando penetró en la oscuridad más profunda de la selva senegalesa como traficante de marfil. Tras pasar muchas penurias conoce a Kurtz, un empleado de la compañía donde trabaja, conocido por su multidisciplinariedad y por cautivar y domeñar a su voluntad a los nativos.


Me ha gustado mucho, tiene una prosa que me ha recordado a la de Maturin, y la selva que engulle al protagonista es opuesta a la de Pan, por ejemplo. Opuesta en cuanto a carácter, si puede decirse así, en la que una provee, es benefactora y te acoge en su seno; y la otra es casi un Antiguo lovecraftiano, primigenia, que te transporta al inicio de los tiempos. Las dificultades cotidianas de los ciudadanos de a pie palidecen ante el poder de este ser que sacude al individuo y le hace recordar todo aquello que la sociedad intenta olvidar: el instinto de supervivencia y la soledad asfixiante. Kurtz representa muy bien a esa persona que pese a su fuerza interior termina consumido por la selva que intentaba domar.

 
Termino con Los filósofos presocráticos de Geoffrey Stephen Kirk, John Earle Raven y Malcolm Schofield. Una obra capital para comprender mejor cómo empezó la filosofía occidental y las teorías de los primeros pensadores, y un imprescindible para quien quiera empezar con buen pie en esta rama del saber. Es flipante la cantidad de referencias que tiene, bibliografía, anotaciones... El trabajo de los autores es para quitarse el sombrero, al igual que la traducción al castellano, soberbia. Eso sí, os recomiendo que podáis leer en griego con cierta soltura. Leer, que no entender (ojalá fuera mi caso, eso sería lo ideal), porque el texto está salpicado con palabras griegas que dan por hecho que puedes comprender.


Empieza la obra con un listado de las fuentes directas utilizadas, como Platón, Simplicio, Aristóteles, Plutarco, Diógenes Laercio... así como la tradición doxográfica de Teofrasto, Aecio y los Vetusta placita, el Philosophumena de Hipólito, etc.


El primer capítulo trata de los precursores de la cosmogonía filosófica en un contexto mitológico, como las obras de Homero o la Teogonía de Hesíodo, donde el cielo tenía forma semiesférica; el Tártaro, Érebo o Hades «se prolongaba indefinidamente» (pág. 30, 3) y el vasto río Océano circundaba la tierra. Se cree que esta concepción popular del mundo tenía su origen en mitos babilonios, egipcios y hetitas (Apsú, Tiamat; Atum en el Libro de los muertos). Vemos que consideraban el Océano como principio vital, el génesis del que derivaron los demás dioses y por extensión todas las cosas. También tiene un papel destacado la Noche como «domadora de dioses», aunque este papel solo aparece una vez en Homero, muy probablemente en versos órficos y en cosmogonías posthesiódicas.


Respecto a los órficos, los autores los definen como (pág. 44): «... gentes que, uniendo por una parte, elementos procedentes del culto de Apolo y de las creencias tracias en la reencarnación, por otra, creyeron que el alma podría sobrevivir si se mantenía pura y, para ilustrar esta teoría, elaboraron una mitología parcialmente personal, con Dioniso como figura central». Las cosmogonías órficas en sus versiones neoplatónicas se dividen en cuatro, aunque destaca la que postula a Krono como principio único de todas las cosas. Hablan también del huevo, que no tiene por qué ser necesariamante órfico, y de la deglución del falo de Urano por parte de Zeus, que tendría una influencia babilónica (Marduk) y que más tarde Hesíodo dulcificaría en su Teogonía.


Sobre Hesíodo, su intención tras los desarrollos cosmogónicos en la Teogonía sería la de sistematizar los antiguos mitos, de darles cierto orden, y de demostrar también las fuentes últimas de la autoridad y majestad de Zeus. Para él, el origen de todo es Caos, después Gea, Tártaro y Eros. El Caos no se entendía como «desorden» antes del 400 a.C., sino más bien, según se especula, como la región intermedia entre el cielo y la tierra, un hiato, un espacio indefinido limitado. Lo concibe negro y ventoso, porque el éter y el sol no han nacido todavía, y la noche y las tormentas caminan juntas.


Como curiosidad, el término aparece por primera vez en la cosmogonía fragmentada de Ferécides de Siro, aunque los autores lo consideran anacrónico, de acomodación estoica. Su mito de la creación habla de la boda entre Zas (Zeus) y Ctonia (Hera), y que este le hizo un velo que cubrió Ge (la tierra). Hace alusión a una «encina alada» que podría estar en el Tártaro y que sus ramas serían los árboles de la tierra que sobresalen del velo de Zeus. Menciona también una batalla de carácter divino entre Crono y Ofioneo, que proviene sin duda de . La lucha cósmica con una deidad ofídica era típica en toda la zona del Oriente Próximo anterior a Hesíodo.


«Pero qué hostias nos estás contando de huevos, serpientes y falos», me espetaréis, furibundos. Tranquis, que esto era la introducción. El primer intento de filósofo que buscó alejarse de la mitología para encontrar la respuesta a sus preguntas fue Tales de Mileto, de quien dicen que (págs. 138-139): «... se le conoció principalmente por su actividad de astrónomo y geómetra práctico y como sabio en general. [...] Su teoría de que la tierra flota sobre el agua parece que se derivó, acaso directamente, de los mitos cosmogónicos del Oriente Próximo; la idea del agua como origen de las cosas formaba también parte de dichos mitos y aparece mencionada en un texto griego muy anterior a Tales. [...] Aunque estas ideas estaba muy influenciadas, directa o indirectamente, por sus precedentes mitológicos, es evidente que Tales abandonó la formulación mítica; este hecho solo justifica su título de primer filósofo, por muy ingenuo que aún fuera su pensamiento».


Seguimos con Anaximandro de Mileto, el primer filósofo de quien tenemos constancia que intentó explicar de forma comprensiva y detallada todos los aspectos del mundo de la experiencia humana. A él se le atribuye el término , lo indefinido, la sustancia originaria «espacialmente infinita», aunque los exégetas no terminan por ponerse de acuerdo en sus características. Analizan por qué es «lo indefinido» y no una sustancia primera específica, o a qué se refería Aristóteles cuando, citando a Anaximandro, calificaba al de omniabarcante y omnicorrector, divino e inmortal. Termina con el concepto de los mundos innumerables, si eran sucesivos o coexistentes, y con su propia cosmogonía, donde el filósofo conjetura respecto a los orígenes de la vida animal y humana.


Para Anaxímenes, último de los grandes pensadores milesios, la tierra era plana «semejante a una mesa» y flotaba en el aire primordial. Su idea de la condensación y rarefacción le permitió el retorno a su concepto de la materia sustancial originaria concebida como un componente real del mundo.


 


Pasamos a Jenófanes de Colofón, poeta, sabio y cantor de sus propios poemas. Se interesó por la especulación religiosa y divina que le indujo a reaccionar contra Homero y Hesíodo, porque representaban a los dioses como inmorales y antropomórficos, concepción que estimaba subjetiva y que debía abandonarse. De esta forma habló Jenófanes de una sola divinidad no antropomórfica, antitética a los dioses homéricos, igual por todas partes, inmóvil y que todo él ve, todo él piensa y todo él oye (pág. 229, cita 72). También creía que la superficie de la tierra se convertía en mar dentro de un proceso cíclico por el descubrimiento de fósiles de animales marítimos e impresiones de algas tierra adentro.


Heráclito de Éfeso, tildado de , «enigmático», no se llevaba bien con sus conciudadanos, que con el tiempo terminaron por hacerlo objeto de ludibrio, y ni Platón ni Aristóteles se preocuparon mucho por emitir un juicio objetivo de su pensamiento. Para Heráclito, la coherencia subyacente en las cosas está expresada en el , Logos, que podría interpretarse como la fórmula unificadora de las cosas, aunque también podría haberlo concebido como un constitutivo real coextensivo en muchos aspectos con el fuego puro. También afirmaba que no existe una división absoluta de opuesto a opuesto, bien porque están entrelazados por un solo proceso invariable, o bien porque son opuestos inherentes a un solo sujeto. Por tanto, cada par de opuestos forma una unidad y una pluralidad. Así su dios es indistinguible del , que como constitutivo garantiza que el cambio entre los opuestos ha de ser proporcional y equilibrado en todas partes. La pluralidad total de las cosas forma un complejo singular, coherente y determinable que Heráclito llama Unidad. La sabiduría y, en consecuencia, vivir de un modo satisfactorio consiste en entender el , incorporando el o medida que garantiza que el cambio no produce una pluralidad disociada y caótica.


Continúo con Pitágoras de Samos, que en bastantes textos antiguos dudaban de su reputación de sabio, afirmaban que su plurisciencia carecía de sabiduría y que era un charlatán y diletante, salvo para Empédocles y Heráclito, que lo admiraban. La imagen que tenemos de Pitágoras nos ha llegado por la interpretación que hace de él Platón en algunos de sus diálogos, por lo que no deberíamos ceñirnos solo a ellos.

Se suele asociar a los órficos con los pitagóricos, aunque existían diferencias evidentes entre ellos. Por ejemplo, los órficos depositaban su doctrina en los libros y practicaban de forma individual técnicas de purificación, mientras que los pitagóricos rehuían la palabra escrita y constituían sectas. Aun así, se tomaban prestadas ideas unos de otros.

Varios autores tardíos tenían en su poder colecciones de máximas supuestamente pitagóricas («acusmata») que se centraban en precauciones rituales prescritas a los iniciados de varios cultos mistéricos griegos que instaban, por ejemplo, a no consumir habas, gallos blancos o peces consagrados por la simbología que les atribuían, aunque en ocasiones sonara a sabiduría proverbial más alegórica que literal.

En base a un poema de Píndaro puede extrapolarse que Pitágoras enseñó una escatología según la cual: 1) el alma, tras la muerte, es sometida a un juicio divino; 2) sigue el castigo en el inframundo para los perversos (con posible redención); pero 3) hay un destino mejor para los buenos, que si se mantienen libres de maldad en el mundo siguiente y en una reencarnación ulterior pueden, por fin, descansar en las islas de los bienaventurados (cf. Platón, Gorgias, 532 a-b).


Acabo con Parménides de Elea, los presocráticos que faltan solo los listaré. En su poema proclama que, en cualquier investigación, solo hay dos posibilidades lógicamente coherentes que son excluyentes: que el objeto de la investigación existe o no existe. Basándose en la epistemología rechaza la segunda alternativa por ininteligible. Prosigue denostando a los mortales corrientes porque sus creencias demuestran que no escogen entre las dos vías «es» y «no es», sino que siguen ambas sin discriminación alguna. Entonces explora el camino seguro, «es», y prueba que, si algo existe, no puede llegar a ser o perecer, cambiar o moverse, ni estar sometido a imperfección alguna.


Para mayor claridad sobre este punto os copiaré parte de lo expuesto por García Morente en sus Lecciones preliminares de filosofía sobre Parménides (págs. 72-79), que a mí me han servido bastante:


»En la metafísica nos preguntamos: ¿quién existe? ¿Qué puede llamarse ser en sí? Debemos dejar de lado las existencias derivadas, aparentes, secundarias... para buscar qué cosa existe en sí y por sí misma. Dicho esto, la filosofía de Parménides no puede entenderse bien si no se pone en relación polémica con la de Heráclito, que considera la realidad fundamental como una continuidad de fluencia, de devenir. Parménides analiza esta idea del fluir, del estar siendo, que implica que algo es y no es al mismo tiempo, y encuentra la siguiente contradicción lógica: el ser no es, el que es no es; puesto que lo que es en este momento, ya no es en este momento, sino que pasa a ser otra cosa. Esto para Parménides es absurdo; hay que oponer a las contradicciones de Heráclito un principio de razón: el ser es; el no ser no es. Con esto descubrió el principio lógico del pensamiento.

»Este «principio de identidad», como lo llamarían más tarde los lógicos, le sirvió de base para su construcción metafísica, donde el ser tiene cinco cualidades: es único, eterno, inmutable, infinito e inmóvil, porque todo lo que no sea esto violaría el principio de identidad.

»Obviamente, Parménides no estaba ciego al espectáculo del universo, donde múltiples seres van y vienen, se desplazan, cambian, nacen y mueren... Siguiendo su lógica afirmó que todo este mundo sensible es una ilusión de nuestros sentidos, para inmediatamente sacar la conclusión de que existen dos mundos: el sensible y el inteligible. Este último es invisible, no puede tocarse, pero podemos comprenderlo porque está sujeto a la ley lógica de la no contradicción.


¡Y ya está! Por supuesto el libro continúa, pero dejé de tomar apuntes por pereza. La lista de presocráticos continúa con Zenón de Elea y sus paradojas; el ciclo cósmico del Amor y la Discordia de Empédocles de Acragas; Filolao de Crotona y los números como principio material de las cosas; Anaxágoras de Clazomene, Arquelao de Atenas, Meliso de Samos, los atomistas Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera, para terminar con Diógenes de Apolonia. Lo dicho más arriba, una obra básica para cualquier estudiante de filosofía y una herramienta utilísima de consulta. Tiene mis dieses.


Editado por Memnoch
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Hilos de venta de mi colección de juegos y miscelánea consolera: Nintendo / Sony / Microsoft / PC / Retro
Mis lecturas: 2017 / 2018 / 2019 / 2020Índice de editoriales (Juegos pasados)

Veramente più volte appaion cose
che danno a dubitar falsa matera
per le vere ragion che son nascose.

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El Proceso RAIDEN

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Tras un mes algo ajetreado por trabajo y universidad al fin me dí el tiempo para finiquitar Desolación, de Gabriela Mistral, que me había durado ya varias semanas y que por momentos me ha gustado mucho. Creo que con una selección más rigurosa sería un libro espectacular, porque los mejores poemas son magistrales. También aproveché para estrenar mi último pedido de Amazon, y leí del tirón El Sunset Limited y El elogio de la educación, de McCarthy y Vargas Llosa, respectivamente. Del primero estaba seguro que me iba a gustar, puesto que es de uno de mis autores predilectos. Poco a poco voy completando sus obras, con esta ya son cinco que le leo. El segundo me sorprendió gratamente, es una colección de ensayos sobre la literatura del nobel peruano que maravillan la imaginación, satisfacen el intelecto y, a veces, conmueven al corazón. Una prosa muy bella y prácticamente exenta de vanidades o exageraciones líricas. La composición de los textos da la impresión de estar trabajada hasta la extenuación. No menos ilustre fue Visión de Anáhuac y otros ensayos, de Alfonso Reyes. El símil que me hacía nómada entre el y Borges no fue un comentario trivial en lo absoluto. No será lo último que lea de su pluma.


 


Ahora estoy con La ciudad y los perros, en la misma edición de la RAE que ya se ha mencionado antes por aquí.


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Ignaa Portavoz de los muertos

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Me acabo de terminar estados unidos de japón.


 


No está mal, pero por todo lo que había leído, y me habían comentado, me esperaba un tremendo libro, y no me ha parecido para tanto


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whydah Duque de Atizes

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Recién comenzado:

 

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cyberdark, que recuerdos  8D

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Aeo GRANDIS SUPERNUS

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cyberdark, que recuerdos  8D

 

Eras de la vieja guardia? Yo creo que andan casi todos por sedice. 

 

Lo que está activo actualmente es una especie de blog con reseñas y artículos

 

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