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3erEJ Pata

Deluge, mod sobre los tercios del Mount and Blade

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3erEJ Pata Humano

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vida restante: 100%

Parece que una vez más los españoles se han ido de pillaje a tierras bien lejos, al norte, con ese frío de tres pares de cojones. Ahí que van los tercios.

 

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Así es. El 3er Regimiento comienza ahora a jugar al mod del Mount and Blade Deluge. Un mod que nos transporta a las batallas legendarias de los tercios.

 

 

El primer evento en el que estaremos presentes tendrá lugar el próximo martes 26 de mayo. Se tratará de un evento de proporciones épicas. Si aún no sabes lo que se siente al llevar una pica de tres metros para clavársela con todas las ganas al caballo de algún húsar, te recomiendo que te unas con nosotros.

 

Si no se es miembro siempre se puede asistir como voluntario, siempre y cuando se nos anuncie antes. Como sea, no te pierdas estos eventos que realizamos en mods, pues somos ese fuego que mantiene vivos estos mods.

 

Deluge

 

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    • 3erEJ Pata
      Para aquellos que aún no saben de qué va esto. Los del 3er Regimiento (una comunidad española dedicada sobre todo a hacer rolplay en Mount and Blade) tenemos eventos semanales en los que cientos de personas encarnan a un soldado del tiempo de las Guerras Napoleónicas. Me llamo Juan Jesús Rubio Parra y he empezado a escribir crónicas resumiendo con cierto ingenio y gracia los acontecimientos que nos turban en la batalla. Se trata de algo así como esos microrrelatos que a veces leemos. Crónicas periodísticas con lo mejor de la creación ficticia. Creedme, Hamingway aprobaría este disparate.
       
      Crónica del evento del día 17/5/2020
      Dios sabe bien que a veces uno debe envalentonarse para cumplir con las órdenes. Incluso si estas a ciencia cierta te llevan atajando rápido a descansar con los muertos en una zanja mal cavada. Aquella vez fuimos a parar a un páramo mediterráneo, un cojón de arbusto y otros tantos conjuntos solitarios de árboles. Poco amor se siente por las tierras donde se combate.
        Todo el regimiento se cuadró en fila para recibir con honores al general. Ese tipejo nos ordenó tomar una colina infestada de cañones. Claro que le obedecimos. Sobre estas cosas solo caben dos posibilidades: morir o vivir, y se supone que esos señores de la guerra algo saben de estrategia. Vamos que si les haces caso quizá aún tengas una remota posibilidad de sobrevivir un día más.

      Rodeamos la condenada colina y cuando llegábamos a la cima, el sargento se cayó del caballo. Supongo que es la mejor manera de decirlo. Una bola de plomo negro como nuestras almas destrozó su caballo y a él le dejó un agujero tan grande que ya ni las tripas se le podían desparramar. Fue entonces que nos dimos cuenta de la trampa, varias líneas nos esperaban y la grata bienvenida que nos sirvieron casi nos mata a todos.

      A fe cierta que aquel día solo nos quedó el buen recuerdo de nuestros artilleros que valientemente murieron defendiendo la posición. El granadero Alatriste fue el que más resistencia opuso y se llevó por delante lo menos a siete hombres, antes de que un desgraciado le hiciese “TOC-TOC” por la espalda con una bayoneta.

      Después de aquello no nos quedó otra que replegarnos a tierras más altas donde el frío te hiela hasta las pelotas. El alférez nos cambió de ropas y nos puso un mosquetón ligero para que pudiésemos disparar montados.

      Cruzamos el campamento y pronto estuvimos en un nuevo frente. Rodear para acabar con las artillerías. Más fácil decirlo que hacerlo. Vadeamos un par de río y otros los cruzamos por puentecillos de madera. Cuando vas con un caballo pesado sobre tres o cuatro varas de altura de nieve, te das cuenta de lo frágil que en realidad somos. Un soldado nuestro fue abatido cuando avistamos a los artilleros enemigos. Por suerte, solo fue esa sangre la que tuvimos que lamentar entonces.

      Al bajar nos topamos con otra compañía de dragones. No fueron muy amigables con nosotros, se pararon en seco y nos dispararon. Eterno se me hizo aquello. Intercambiamos cuatro o cinco salvas y de todas formas creo que nadie fue abatido, tanto de ellos como de nosotros. Supongo que se cansaron de esa necedad: se fueron trotando por donde habían venido.

      ¿Cómo acabó todo? Pues la nieve empezó a jodernos tanto que tuvimos que desmontar todos para pasarnos media jornada intentando avanzar entre tanto blanco de mierda. En el primer puente creo que fue al general al que se le ocurrió la fantástica idea de tirarse al agua. Como lo oyes. Debió pensar que era el mejor momento, con esas temperaturas bajas de infarto, el darse un baño. Y si lo hace el general, lo hace la compañía entera. Uno a uno y en fila india como cuando éramos niños nos zambullimos en el agua. Hacerle aguadillas a tus superiores es lo mejor después de haber estado a punto de morir en cinco, seis… ¡A quién carajo le importa cuántas condenadas veces!
       
      Si quieres participar en estos eventos o quieres que tu nombre aparezca en estas crónicas alístate al regimiento. En cada crónica un único nombre aparecerá de entre todos nuestros buenos soldados.
    • 3erEJ Pata
      Crónica del evento del día 14/5/2020
      El día comienza con la batalla y la batalla con el día. Para el 3er Regimiento no se trata de la lástima que antecede a la muerte. No obstante, la muerte baila junto con nosotros, y si uno de nuestros hombres muere, solo se escuchan las carcajadas que conducirán a este al infierno que le espera.
       
       

      Cuando por fin las tropas estaban preparadas para la contienda todos advertimos que el terreno no era precisamente el más adecuado para los cascos ligeros de nuestros caballos. Aquella mañana nos vestimos con los coloridos uniformes de los húsares de caballería. Cada uno de nosotros aparentaba estar en el día de su boda, solo que la novia esta vez era la propia parca.

      El regimiento avanzaba decidido a eso del medio día. Con los ojos bien abierto, por aquello de que no te pillen con la guardia baja. Al principio solo nos dimos cuenta de las colinas rodeadas por un sinfín de depresiones que más bien se antojaban pozos. El general mandó el alto al paso y todos nos reunimos bajo el árbol más grande que había por la zona. El calor era insoportable y los jubones que nos concedían la apariencia del perfecto caballero no hacían sino acrecentar el agobio junto con el sudor. Los suboficiales aún eran novatos, con lo que la sensación de preocupación aumentaba a la par que lo hacían los estruendos de cañones aún lejanos.

      El brigada llevaba la bandera bien alta, para que la viesen bien aquellos malditos. Las trompetas nos acompañaban, ni qué decir tiene, sin música no se va uno contento a arriesgar la vida, los alféreces se ocupaban de ello. En total quizá 16 chicos con las barrigas vacías y la sed entrante por la sangre derramada de algunos compatriotas nuestros una semana atrás.

      En eso que el general nos miró serio y gritó al instante que fuésemos a la carga, que no estábamos allí para cagar ni hacer otras tonterías. Desenvainamos todos las espadas y en horda allá que acudimos. Los caballos se movían veloces y pronto dejamos de escuchar a nuestros compañeros artilleros. De estos, recuerdo que por lo menos abatimos a un par de decenas de esos hijos de sus madres llamados enemigos. Un cadete fue y aún creemos que se trató de Erzé, ese se las gasta bien cuando quiere.

      Como digo, nos dispusimos y pronto estuvimos rodeando las colinas sobre las que estaban bien parapetados tres cañones a los que los artilleros no pudieron dar la vuelta a tiempo. Abatimos en un momento a cinco de ellos y no me viene a la cabeza si el zapador sobrevivió o no, pero si lo hizo, os aseguro que lo que les hicimos a esos infelices habrían manchado los calzones incluso a mi bendito padre.

      Damos la vuelta y tomamos por sorpresa a una pequeña línea tras subir un terraplén. Fue entonces cuando el general cayó del caballo abatido por una bala miserable, ignoro si continúa con vida. Después de aquello acudimos en rescate de nuestros propios artilleros. Una docena de húsares enemigos subían la colina y aunque intentamos tomarlos por la espalda pronto se dieron la vuelta para recibirnos. De aquel encuentro solo quedamos con vida seis.

      Volvimos al campamento y de nuevo nos lanzamos a la carga, esta vez más numerosos. La batalla acabó con todos nosotros a pie, espada en mano, hacia las filas enemigas de granaderos. La sangre corrió como el agua por la ladera.
       
       

      Si quieres participar en estos eventos o quieres que tu nombre aparezca en estas crónicas alístate al regimiento. En cada crónica un único nombre aparecerá de entre todos nuestros buenos soldados.
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