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Torneo de minirelatos 2019


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97 respuestas en este tema

  • alfon7193

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#91

Escrito 20 octubre 2019 - 10:42

Recordatorio semanal de que hoy es el día del Señor. Recordad que a misa hay que ir arreglados, no con esa ropa que me lleváis a diario.

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  • alfon7193

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#92

Escrito 21 octubre 2019 - 11:38

Fase 2 - Grupo B
Escritura
 
Es el turno de escritura de Dongguan, Vigilia y Iñigo Montoya. La condición de este cruce es:
 
Condición: El relato ha de terminar con "Y todo estaba bien".

Se permiten cambios menores de concordancia. Ejemplos: "y todo estuvo bien". "Y bien todo estuvo". "y Marcos pensó que todo estaba bien". "Todo iba bien".
 
Los arriba mencionados tendrán que mandarme sus escritos antes de este domingo 27 de octubre a medianoche.

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  • alfon7193

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#93

Escrito 21 octubre 2019 - 11:40

Fase 2 - Grupo A
Relatos
 
Condición: El relato ha de empezar con "Mercedes visitó por última vez la tumba de su padre".
 
Estos son los relatos escritos por Gram el RaudoMadMaxMenox y Dor-Valen:
  • Cúpulas en flor
  • Padre
  • La azada de hueso
El resto de concursantes y curiosos debéis votar al peor relato mediante un mensaje privado antes del doming 27 de octubre a medianoche.

Editado por alfon7193, 21 octubre 2019 - 12:30 .

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  • alfon7193

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#94

Escrito 21 octubre 2019 - 11:41

Cúpulas en flor
 
Mercedes visitó por última vez la tumba de su padre antes de marcharse al aeropuerto. Habían transcurrido seis meses desde que aquella larga enfermedad, que tanto tiempo lo había postrado en cama, se lo había llevado a un lugar mejor. Mercedes había visitado aquella tumba todas las semanas desde aquel trágico día, contándole sus problemas del día a día, sus aspiraciones y sus miedos. Toda su vida había girado en torno a él, pues su madre había muerto en el parto y, debido a los cuidados intensivos que requería su padre, nunca había tenido tiempo para formar una familia. Aunque sus investigaciones en el campo de la botánica eran conocidas en todo el mundo, Mercedes no podía permitirse el lujo de viajar a congresos o realizar investigaciones de campo en otros países. No soportaba la idea de alejarse de él y que a su regreso se hubiese marchado. Tras su muerte, se encontró con un vacío existencial en su vida que ni sus proyectos personales ni sus amistades pudieron llenar. Por eso, cuando le llegó la carta de la ESA invitándola a formar parte de la expedición tripulada a Marte en calidad de botánica de la colonia Europa, Mercedes decidió aceptar. Creía que una nueva vida en el planeta rojo le permitiría dejar atrás su pasado y aportar su granito de arena a la humanidad.
 
El viaje interplanetario de cuatro meses se le hizo eterno. La emoción del despegue pronto se esfumó, y la rutina se apoderó de los veinte tripulantes del transbordador, que engrosarían las filas de los pioneros que llevaban cinco años en la colonia. Mercedes, deseosa de socializar tras su pasada y obligada vida eremita, estableció relaciones estrechas con todos ellos. Las perspectivas de su nueva vida le agradaban. Vivirían en un sistema de cúpulas interconectadas, cada una con una función específica. Su trabajo sería mantener los cultivos de la cúpula vivero, un vergel artificial que proporcionaba alimentos a los colonos. Mercedes solía quedarse contemplando por la ventana del transbordador el árido e inhóspito planeta rojo, cada vez más cercano y abrumador, pensando en la vida que le depararía su nuevo hogar.
 
El aterrizaje fue brusco, pero sin complicaciones. Los colonos fueron recibidos calurosamente por los anfitriones, que los condujeron en astromóvil hasta la colonia y les explicaron su funcionamiento. Mercedes estaba fascinada. La escasa gravedad del planeta le permitía dar grandes saltos, y no veía el momento de quedarse sola para juguetear con ella. Acostumbrada a la comida envasada, la cena caliente le sentó de maravilla, y el alojamiento le resultó inesperadamente cómodo. Durante su primera noche marciana, aunque apenas pudo dormir, sintió que había tomado la decisión correcta al mudarse de planeta.
 
Los días transcurrieron y se convirtieron en meses. El trabajo de Mercedes en la cúpula vivero resultó fructífero. Andrés, su compañero de trabajo, era amable y diligente. Juntos lograron reducir la necesidad de riego a más de la mitad sin comprometer la cosecha, granjeándose las alabanzas del director de la colonia. El amor acabó prendiendo en ellos y, aunque las relaciones estaban prohibidas en la colonia, acabaron prometiéndose que a su vuelta a la Tierra se casarían y formarían una familia. Sin embargo, esa vuelta nunca sucedió. Tres meses después de prometerse, la colonia Europa fue asolada por una lluvia de meteoritos que destrozó varias cúpulas, entre ellas la cúpula vivero, donde Andrés y Mercedes se encontraban trabajando. Las temperaturas gélidas y la irrespirable atmósfera marciana segaron sus vidas. Antes de morir, Mercedes vio pasar ante sus ojos imágenes fugaces de su padre jugando con ella en el jardín, cuando todavía podía caminar. Recordó solo los momentos felices, los que más intensamente atesoraba. Su vista se fijó en las flores congeladas y su último pensamiento fue el lamento de no poder llevarle a su padre una flor de Marte.
 
Tras la tragedia, la misión fue cancelada y los colonos supervivientes regresaron a la Tierra, no sin antes dar sepultura a los caídos bajo el pardo suelo marciano. Mercedes y Andrés fueron enterrados en la cúpula vivero, rodeados de las plantas congeladas que habían cultivado. Y así fue como, enterrados a millones de kilómetros de distancia, Mercedes pudo finalmente reencontrarse con su padre.

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  • alfon7193

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#95

Escrito 21 octubre 2019 - 11:41

Padre

Mercedes visitó ayer por última vez la tumba de su padre. O así lo había jurado cuando regresó a su apartamento un par de horas después. Todos los recuerdos de fallecimientos son dolorosos, pero este, pensaba, era especialmente intenso. La relación con su padre nunca había sido buena, aunque visto desde fuera tampoco se podía afirmar que fuera mala; era simplemente ese tipo de relación entre un padre con una educación clásica y una niña con una fuerte personalidad, lo justo como para que hubiera discusiones un día sí y otro también.

Sus primeros recuerdos dolorosos provenían del Instituto, esa época maldita donde todo lo que hacen los padres repatea las entrañas y todo lo que hacen los hijos son actos de rebeldía a ojos de sus progenitores. Acudían a su memoria partidos de fútbol donde los padres de sus amigas animaban desde la grada mientras el suyo se dedicaba a charlar distraídamente con algún conocido en la barra del bar. Era buena portera, lo sabía, y lo que más odiaba era cuando alguien comentaba lo bien que había jugado y él asentía con aire ausente sin saber muy bien qué decir.
Decidió dejar de emular a sus ídolos tras numerosos comentarios acerca de lo machorros que parecían las tías con tetas detrás de un balón y que lo único que deberían perseguir eran pelusas con una escoba en la mano. No podía soportar la vergüenza en los corrillos de padres tras los partidos.

El accidente fue un viernes de octubre. El entierro un sábado nublado y triste. El domingo ella quería también morir.

Las lágrimas que recorren sus mejillas diariamente le abrasan mientras recuerda cómo llegó a insinuarle que era una puta por irse con su primer novio de vacaciones solos, aquél bisoño jugador de baloncesto que estaba más preocupado de sus entrenamientos que de quitarle la inocencia a su hija. También recuerda los terribles días previos a los exámenes de la universidad, donde la menos hiriente de sus frases era que debería estudiar menos y aprender mejor a coser.

Cuando el coche se salió de la vía, cayó al cauce del arroyo. Ese día venía crecido; las prontas lluvias otoñales acrecentaron el nivel de las aguas lo justo para que envolviesen rápidamente al coche y llegasen a la altura del techo. Su padre tenía 75 años, no era un viejo inválido pero su rodilla ya no era buena compañera, y cuando el coche empezó a hundirse no tuvo fuerzas para salir.

No había sido un mal abuelo, tenía que reconocerlo, al menos había estado ahí siempre que lo había necesitado para ayudarla con los niños. Esas tardes donde veía lo cariñoso que podía ser, y que dicho cariño no iba nunca dirigido a ella, eran ácido puro para su alma. Ella no recibió nunca ni un "te quiero", ni un "orgulloso de ti", o al menos un sincero abrazo de amor, cosas en las que sí se prodigaba con su nieto. Llegó a conformarse con una simple mirada de aprobación que nunca llegó.

Mercedes se levanta pronto y se viste. Como cada mañana va a volver al cementerio, a la tumba de su padre, pero esta vez jura, por enésima vez, que será la última que acuda. Aún siente caliente la mirada implorosa de su padre hacia el asiento del conductor buscando ayuda; aún le asolan los sentimientos de amargura por una vida sin amor que le asaltaron en ese momento, sorprendiéndola en un debate entre la vida y la muerte. La culpa roe por dentro hasta límites que la mente no alcanza a imaginar. Solo desea escarbar con sus manos desnudas la tierra, abrir la tapa y abrazar a su padre; salvarlo de ese fatídico sino que es la muerte. Pero sabe que eso no ocurrirá; sabe que repetiría lo que hizo ese viernes lluvioso de octubre; sabe que huiría sin mirar atrás.

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#96

Escrito 21 octubre 2019 - 11:42

La azada de hueso
 
Mercedes visitó por última vez la tumba de su suegro. Ella siempre había sentido una curiosidad inmensa por la leyenda negra que planeaba sobre la familia de su marido, y aunque entendía que había temas que era mejor barrer bajo la alfombra del olvido, a la curiosidad es imposible sujetarle las riendas para siempre. Aquella sería la última vez que llevaría flores a una tumba que a todas luces estaba vacía.
 
—Carlos, estamos esperando nuestro segundo hijo. Creo que ya es hora de que me expliques por que mi familia no quería que me casara contigo.
 
Él se ajustó la rebeca y levantó la vista. Las nubes se estaban oscureciendo. 
 
—Deberíamos volver al campo, Mercedes. Vine una tormenta fuerte.
 
Mercedes no dijo nada y se puso a cambiar las flores de la tumba; ya estaba acostumbrada a las evasivas de su marido, así que prefirió no discutir. Tras rezar una oración sin ganas, la pareja abandonó el cementerio y marchó hacia a la finca familiar. Una hora después marido y mujer trabajaban la tierra cubriendo las plantaciones con tela gruesa y arreglando los caballones. Mercedes siempre ayudaba a su marido, pues la cojera de éste le impedía hacer ciertas tareas. En un momento dado Carlos se secó el sudor de la frente y apoyó su azada en el hombro. El mango era de blanco hueso. Mercedes pensó que le diría de parar a tomar un pedazo de pan con tocino blanco —como era costumbre—, sin embargo, en vez de esto, Carlos le dió la vuelta a un cubo y se sentó.
 
—Sabes, Mercedes, hay una historia que me contó mi hermano mayor hace mucho tiempo, cuando apenas era un mocoso. Es hora de que la conozcas —dijo—. Trataba sobre un muchacho del pueblo que se tenía que hacer cargo de su familia él solo. Por lo visto el patriarca mataba el tiempo bebiendo y no movía un dedo, salvo para sacar a pasear la correa, ya me entiendes. Fueron años duros para esa familia, hasta que llegó el día en el muchacho se hizo un hombre. Este pensó en marcharse del pueblo con su madre y hermano pequeño, pero en vez de eso, lo que hizo fue agarrar a su padre del pecho y devolverle cada una de las palizas que les había sacudido. Aún más, el mozuelo, ahora un hombre, lo encerró en la hacienda y solo lo dejaba salir para trabajar de sol a sol. Dicen que así lo tuvo durante años, hasta que una mañana el padre apareció muerto de hambre y cansancio. El zagal lo incineró, cogió sus cenizas y las metió en un reloj de arena para que este no dejará de trabajar ni aún difunto. Un reloj de arena, ¿te lo puedes creer? —. Carlos agarró el azadón, volvió al trabajo y durante el resto de la mañana no dijo mucho más.
 
Mercedes pensó aquella era una historia horrible. Asqueada, a punto estaba de volver a la faena cuando se fijó en la azada de su marido. Hasta aquél momento no le había dado importancia al hecho de que él y su hermano mayor jamás le dejaran usar aquella azada de mango de hueso.

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#97

Escrito 21 octubre 2019 - 11:43

Feliz semana.

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#98

Escrito Hoy, 13:30

Pongo mis comentarios del segundo grupo. Siento el retraso, intentaré ponerme al día entre hoy y mañana.



El turista

No me han gustado las primeras oraciones. Creo que quedan raro y me da la impresión de que no sabías muy bien como empezar. "Adiel König estaba a punto de hacer historia al convertirse en el primer turista temporal, o dicho de otra manera, estrenar los viajes en el tiempo como observador". Se podría reducir perfectamente a algo como: "Adiel König estaba a punto de hacer historia al convertirse en el primer turista temporal, estrenando los viajes en el tiempo como observador".

En "Lástima que el proyecto fuera ultra secreto y jamás recibiera crédito por ello", cambiaría el recibiera por recibiría.

Me resulta extraño que Adiel considere el salto decepcionante. Se trata de un científico pionero, realizando una de las mayores quimeras de la humanidad: los viajes en el tiempo. Puede que se trate de un tipo cerebral, que controla sus emociones, pero no me creo que sienta decepción tras vivir el Salto. El "-¡Historia, allá vamos!" que escribes después me parece más creíble.

Me parece que hay una incoherencia en el relato. Si Adil llega al pasado en el momento en que nace Jesús, llegará a la crucifixión y a la muerte a una edad mucho más tardía de la correspondiente. Creo que sería más correcto que establecieses el destino del Salto en el momento en que Jesús empiece a predicar.



Área 51

Primero dices que todo un grupo de unas quinientas personas entró en tropel en la base ante la impasibilidad del guarda y después dices que cuando Ben entró (entiendo que en el edificio), dices que hacía varios minutos que habían entrado los primeros jóvenes. ¿Por qué? ¿Qué hizo Ben mientras tanto? ¿Hacerse selfies a las puertas?

El principal defecto de tu relato es que probablemente se trate del relato menos original de la historia. Sólo hace falta leer el título, Área 51, para pensar en aliens. Es como el juego aquel en el que uno dice una palabra y el otro responde rápidamente con la primera palabra que se le pase por la cabeza:

-Área 51.

-Aliens.

No sorprende nada al lector. Y más de lo mismo con los aliens reemplazando a los humanos. Quizás has intentado realizar un relato paródico con los clichés típicos relacionados con los aliens, pero esa idea no me casa con el tono serio en que has escrito la totalidad del relato. Y es una pena porque me ha parecido bien redactado y con muy bien ritmo.

He votado este como el que menos me ha gustado de la ronda.



Al despertarse

Este es el relato que más ha gustado de la ronda.

Al principio me tenía bastante desconcertado, pues el primer párrafo resulta entrañable, pero no encontraba la ciencia-ficción por ninguna parte. El giro que haces en el segundo párrafo me parece estupendo y me ha provocado risa. Funciona. Me ha parecido bastante original, alejado de lo que esperaba encontrarme cuando leí la condición.

Tal vez otros compañeros consideren que se trate más de una escena que de un relato, pero a mí me cuesta realizar esa diferenciación. Me ha gustado mucho.
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