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Pixmix

Novela con ambientación años (30-40-50) EEUU?

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Pixmix Gwyn, Señor de la Ceniza

Publicado
vida restante: 100%
Hola.


Me apasiona dicha época, gangsters, forma de vestir, guerra en el horizonte y post guerra....


Me gustaría saber si hay alguna buena novela que esté basada en dicha época y haga incapié en ella, no sólo la use como base.


El género no me importa.

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dso Capitán Zanahoria

Publicado
vida restante: 100%

Pues así sin pensarlo mucho, te diría que le echaras un ojo a Raymond Chandler y Dashiell Hammett, si te da igual el género (novela negra), porque yo creo que cuadra bastante con lo que buscas... 

 

Y son obras escritas por tipos que vivieron en la época y entornos que buscas, lo que le da un toque de realismo interesante, creo yo. Hammett fue veterano de la Gran guerra y también detective. Te dejo un fragmento de su obra para que veas el estilo directo y punzante tan habitual de esta "escuela":

 



Eché a andar por Broadway y cogí un tranvía. Tres manzanas más allá de mi hotel me

bajé para ver qué hacía toda aquella multitud en una de las entradas laterales del

Ayuntamiento.

Treinta o cuarenta hombres y unas pocas mujeres se apiñaban en la acera con la

vista fija en una puerta rotulada Departamento de Policía. Había mineros y fundidores

todavía en ropa de faena, muchachos chillones salidos de los billares y de salas de

baile, hombres cursis bien acicalados, hombres con el aspecto aburrido de los maridos

respetables, unas pocas mujeres igual de aburridas y de respetables y algunas damas de

la noche.

Me detuve junto a aquella aglomeración, al lado de un hombre fornido de traje gris

arrugado. También tenía una cara agrisada, incluso los labios gruesos, aunque no

aparentaba mucho más de treinta años. Tenía una cara ancha, de rasgos duros e

inteligentes. El toque de color lo daba una corbata ancha y roja de nudo suelto que

parecía florecerle sobresaliendo de su camisa de franela gris.

¿De qué va la vaina?

Me observó cuidadosamente antes de responder, como si quisiera asegurarse de que

la información iba a estar en buenas manos. Tenía los ojos grises, como la ropa, pero no

tan suaves.

Don Willsson ha ido a sentarse a la diestra de Dios Padre, si es que a Dios Padre

no le importa ver agujeros de balas.

¿Quién le ha disparado? pregunté.

El hombre grisáceo se rascó la coronilla y dijo:

Pues alguien con un arma.

Yo quería información y no frases ingeniosas. Y lo habría intentado con algún otro

personaje de la multitud de no haberme interesado tanto la corbata roja. Le dije:

Soy forastero. Cuénteme lo de Caperucita y el lobo, que para eso estamos los

forasteros.

Donald Willsson, titulado, editor de los Herald, el de la mañana y el de la tarde;

le han encontrado en Hurricane Street hace un rato, muerto a tiros por desconocidos

recitó con rápido sonsonete. ¿Le basta con eso para no sentirse herido?

Gracias adelanté un dedo y le toqué una punta de la corbata. ¿Esto quiere

decir algo? ¿O la lleva por llevar?

Me llamo Bill Quint.

¡No me diga! exclamé tratando de colocar aquel nombre. ¡Demonios! ¡Me

alegro de conocerle!

Saqué la cartera y repasé mi colección de credenciales, recogidas por aquí y por

allá por vaya usted a saber qué medios. Buscaba una roja, que me identificaba como

Henry F. Neill, marinero de primera clase, miembro activo del sindicato Industrial

Workers of the World. Lo cual no tenía ni pizca de cierto.

Se la pasé a Bill Quint. La leyó con detenimiento, por delante y por detrás, me la

devolvió y me miró de pies a cabeza, sin fiarse.

Bueno, ése ya no se muere más dijo. ¿Hacia dónde va?

A ningún lado.

Nos fuimos andando los dos, dimos vuelta a la esquina, sin motivo aparente para

mí.

¿Y qué le trae por aquí, si es usted marinero? me preguntó de pasada.

¿Y de dónde ha sacado esa idea?

De la tarjeta.

Si es por eso, tengo otra que demuestra que soy leñador repuse. Y si me

quiere minero, mañana le traigo una.

De ésas no. Aquí de ésas me ocupo yo.

¿Y si recibiera un telegrama de Chicago? pregunté.

¡A la mierda Chicago! Aquí de eso me ocupo yo señaló con un movimiento de

cabeza la puerta de un restaurante y preguntó: ¿Un trago?

No digo que no.





dso, al que le encanta es estilo tan falto de adjetivos, tan directo y tan visual.


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