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momone

Walter Winchell, el lord sith de las noticias del corasón

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momone HADES

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Saludos a todos y todas en éste hilo en el que se habla de un hombre que de no ser por el, no hubiéramos conocido la prensa del corazón como la hemos conocido. Gracias a él, tenemos periodistas de la prensa rosa con determinados tics o amaneramientos sospechosos, amen de cierta vis actoral en cuanto a exageración de gestos o poses, asi como progamas como TOMBOLA, SALVAME (que en un principio nacio como programa auxiliar de LA ISLA DE LOS FAMOSOS...), QUE ME DICES... Os hablo de Walter Winchell.


 


Nacido en Nueva York en 1897, Walter probaría a hacer carrera en el vodevil, siendo uno de los "Newsboys Sextes", pero recibió todo tipo de criticas y varapalos por sus actuaciones. Asi, Walter decidió ejercer de columnista semanal en 1920 hablando de lo que ocurre entre bambalinas de representaciones de espectáculos de Broadway aprovechando su pasado como actor de vodevil y tal es su éxito que en 1924 es fichado por el New York Evening Graphic como columnista de sociedad y sucesos, y en 1929, al New York Mirror, donde lograría toda una hazaña por entonces: que sus columnas se reproduzcan en varios periódicos al mismo tiempo, o lo que es lo mismo, tenía una columna... "sindicada".


 


Al año siguiente, 1930, Winchell fue contratado por Blue Network para ser narrador de noticias de sociedad, espectáculos, y lo hacia con un detalle bastante singular que seguro que a mas de uno os sonará:


 



 


Si, habéis oído bien: Walter Winchell se ayudaba de un telégrafo para provocar expectación a cada noticia que contaba, y eso gustaba a la gente, aparte de su rapidez al hablar, incluso cuando también se le pidió dar noticias sobre política. Para haceros una idea, el hablar fluido y rápido de Walter y lo que iba contando, gustaba a alrededor de 50 millones de americanos. Hijo de judíos, Winchell fue el primer periodista en atacar a Adolf Hitler e incluso a los denominados "defensores de la raza blanca" (americanos que defendían las tesis de que los negros y los judíos eran razas inferiores a la blanca...), y tras la Segunda Guerra Mundial, uno de los defensores de la "Caza de Brujas" de Joseph McArthur y un azote anticomunista.


 


En 1955, Walter Winchell llegó a tener programa de tv:


 



 


Sin embargo, lo que prometia ser un éxito, pronto comenzó a ser un fracaso cuando de manera progresiva, su programa fue perdiendo audiencia y su fama, ir descendiendo. Con el tiempo, se convertiría en la voz en off de la serie LOS INTOCABLES, o presentar programas de variedades. En 1957 dejaría la radio y en 1968, debido al suicidio de su hijo, abandonaría los medios de comunicación. Cuatro años mas tarde, Walter Winchell moriría de cáncer de próstata.


 


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Su estilo a la hora de escribir las noticias de sociedad y su manera de narrarlas tienen un termino o apelalitvo conocido como "Winchellismo", aprendido por Ed Sullivan entre otros. Winchell era capaz de hundir carreras con el mero hecho de narrar con detalle los gustos sexuales de sus objetivos, entre otras cosas.


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Nintenfrog Aldia, Erudito del Primer Pecado

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Y ahora se a convertido en ...

 

 

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En esa foto tiene una cara aún más hostiable que de costumbre.


                                  Te gustan los foros DE VERDAD?--------->  lmtrETQ.jpg

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    • 3erEJ Pata
      Para aquellos que aún no saben de qué va esto. Los del 3er Regimiento (una comunidad española dedicada sobre todo a hacer rolplay en Mount and Blade) tenemos eventos semanales en los que cientos de personas encarnan a un soldado del tiempo de las Guerras Napoleónicas. Me llamo Juan Jesús Rubio Parra y he empezado a escribir crónicas resumiendo con cierto ingenio y gracia los acontecimientos que nos turban en la batalla. Se trata de algo así como esos microrrelatos que a veces leemos. Crónicas periodísticas con lo mejor de la creación ficticia. Creedme, Hamingway aprobaría este disparate.
       
      Crónica del evento del día 17/5/2020
      Dios sabe bien que a veces uno debe envalentonarse para cumplir con las órdenes. Incluso si estas a ciencia cierta te llevan atajando rápido a descansar con los muertos en una zanja mal cavada. Aquella vez fuimos a parar a un páramo mediterráneo, un cojón de arbusto y otros tantos conjuntos solitarios de árboles. Poco amor se siente por las tierras donde se combate.
        Todo el regimiento se cuadró en fila para recibir con honores al general. Ese tipejo nos ordenó tomar una colina infestada de cañones. Claro que le obedecimos. Sobre estas cosas solo caben dos posibilidades: morir o vivir, y se supone que esos señores de la guerra algo saben de estrategia. Vamos que si les haces caso quizá aún tengas una remota posibilidad de sobrevivir un día más.

      Rodeamos la condenada colina y cuando llegábamos a la cima, el sargento se cayó del caballo. Supongo que es la mejor manera de decirlo. Una bola de plomo negro como nuestras almas destrozó su caballo y a él le dejó un agujero tan grande que ya ni las tripas se le podían desparramar. Fue entonces que nos dimos cuenta de la trampa, varias líneas nos esperaban y la grata bienvenida que nos sirvieron casi nos mata a todos.

      A fe cierta que aquel día solo nos quedó el buen recuerdo de nuestros artilleros que valientemente murieron defendiendo la posición. El granadero Alatriste fue el que más resistencia opuso y se llevó por delante lo menos a siete hombres, antes de que un desgraciado le hiciese “TOC-TOC” por la espalda con una bayoneta.

      Después de aquello no nos quedó otra que replegarnos a tierras más altas donde el frío te hiela hasta las pelotas. El alférez nos cambió de ropas y nos puso un mosquetón ligero para que pudiésemos disparar montados.

      Cruzamos el campamento y pronto estuvimos en un nuevo frente. Rodear para acabar con las artillerías. Más fácil decirlo que hacerlo. Vadeamos un par de río y otros los cruzamos por puentecillos de madera. Cuando vas con un caballo pesado sobre tres o cuatro varas de altura de nieve, te das cuenta de lo frágil que en realidad somos. Un soldado nuestro fue abatido cuando avistamos a los artilleros enemigos. Por suerte, solo fue esa sangre la que tuvimos que lamentar entonces.

      Al bajar nos topamos con otra compañía de dragones. No fueron muy amigables con nosotros, se pararon en seco y nos dispararon. Eterno se me hizo aquello. Intercambiamos cuatro o cinco salvas y de todas formas creo que nadie fue abatido, tanto de ellos como de nosotros. Supongo que se cansaron de esa necedad: se fueron trotando por donde habían venido.

      ¿Cómo acabó todo? Pues la nieve empezó a jodernos tanto que tuvimos que desmontar todos para pasarnos media jornada intentando avanzar entre tanto blanco de mierda. En el primer puente creo que fue al general al que se le ocurrió la fantástica idea de tirarse al agua. Como lo oyes. Debió pensar que era el mejor momento, con esas temperaturas bajas de infarto, el darse un baño. Y si lo hace el general, lo hace la compañía entera. Uno a uno y en fila india como cuando éramos niños nos zambullimos en el agua. Hacerle aguadillas a tus superiores es lo mejor después de haber estado a punto de morir en cinco, seis… ¡A quién carajo le importa cuántas condenadas veces!
       
      Si quieres participar en estos eventos o quieres que tu nombre aparezca en estas crónicas alístate al regimiento. En cada crónica un único nombre aparecerá de entre todos nuestros buenos soldados.
    • 3erEJ Pata
      Crónica del evento del día 14/5/2020
      El día comienza con la batalla y la batalla con el día. Para el 3er Regimiento no se trata de la lástima que antecede a la muerte. No obstante, la muerte baila junto con nosotros, y si uno de nuestros hombres muere, solo se escuchan las carcajadas que conducirán a este al infierno que le espera.
       
       

      Cuando por fin las tropas estaban preparadas para la contienda todos advertimos que el terreno no era precisamente el más adecuado para los cascos ligeros de nuestros caballos. Aquella mañana nos vestimos con los coloridos uniformes de los húsares de caballería. Cada uno de nosotros aparentaba estar en el día de su boda, solo que la novia esta vez era la propia parca.

      El regimiento avanzaba decidido a eso del medio día. Con los ojos bien abierto, por aquello de que no te pillen con la guardia baja. Al principio solo nos dimos cuenta de las colinas rodeadas por un sinfín de depresiones que más bien se antojaban pozos. El general mandó el alto al paso y todos nos reunimos bajo el árbol más grande que había por la zona. El calor era insoportable y los jubones que nos concedían la apariencia del perfecto caballero no hacían sino acrecentar el agobio junto con el sudor. Los suboficiales aún eran novatos, con lo que la sensación de preocupación aumentaba a la par que lo hacían los estruendos de cañones aún lejanos.

      El brigada llevaba la bandera bien alta, para que la viesen bien aquellos malditos. Las trompetas nos acompañaban, ni qué decir tiene, sin música no se va uno contento a arriesgar la vida, los alféreces se ocupaban de ello. En total quizá 16 chicos con las barrigas vacías y la sed entrante por la sangre derramada de algunos compatriotas nuestros una semana atrás.

      En eso que el general nos miró serio y gritó al instante que fuésemos a la carga, que no estábamos allí para cagar ni hacer otras tonterías. Desenvainamos todos las espadas y en horda allá que acudimos. Los caballos se movían veloces y pronto dejamos de escuchar a nuestros compañeros artilleros. De estos, recuerdo que por lo menos abatimos a un par de decenas de esos hijos de sus madres llamados enemigos. Un cadete fue y aún creemos que se trató de Erzé, ese se las gasta bien cuando quiere.

      Como digo, nos dispusimos y pronto estuvimos rodeando las colinas sobre las que estaban bien parapetados tres cañones a los que los artilleros no pudieron dar la vuelta a tiempo. Abatimos en un momento a cinco de ellos y no me viene a la cabeza si el zapador sobrevivió o no, pero si lo hizo, os aseguro que lo que les hicimos a esos infelices habrían manchado los calzones incluso a mi bendito padre.

      Damos la vuelta y tomamos por sorpresa a una pequeña línea tras subir un terraplén. Fue entonces cuando el general cayó del caballo abatido por una bala miserable, ignoro si continúa con vida. Después de aquello acudimos en rescate de nuestros propios artilleros. Una docena de húsares enemigos subían la colina y aunque intentamos tomarlos por la espalda pronto se dieron la vuelta para recibirnos. De aquel encuentro solo quedamos con vida seis.

      Volvimos al campamento y de nuevo nos lanzamos a la carga, esta vez más numerosos. La batalla acabó con todos nosotros a pie, espada en mano, hacia las filas enemigas de granaderos. La sangre corrió como el agua por la ladera.
       
       

      Si quieres participar en estos eventos o quieres que tu nombre aparezca en estas crónicas alístate al regimiento. En cada crónica un único nombre aparecerá de entre todos nuestros buenos soldados.
    • Yemeth
      Durante la Edad Media europea se puso de moda algo que podríamos considerar tan descabellado como es utilizar polvo de momia egipcia triturada como remedio medicinal. Se empleaba para tratar un sinfín de afecciones: diarrea, artritis, poliomelitis, reuma, etc. También servía para preparar ungüentos que supuestamente podían aumentar la potencia sexual o evitar el envejecimiento. Se sabe a ciencia cierta que el rey de Francia Francisco I (1494-1547) acostumbraba a viajar con una provisión de polvo de momia. De esta manera, si enfermaba o resultaba herido podría sanar rápidamente gracias a sus “propiedades curativas”. Quizá influenciado por tan importante personaje, años más tarde un rey de Navarra envió a Egipto a su médico personal en busca de tan preciado “medicamento”.

       
      En el siglo I, el escritor romano Plinio el Viejo describió por primera vez las bondades del polvo de momia: “corta hemorragias, cicatriza heridas, trata cataratas, sirve como lilimento para la gota, cura el dolor de muelas y el catarro crónico, alivia la fatiga al respirar, corta la diarrea, corrige los desgarros musculares, endereza las pestañas que molestan al meterse dentro de los ojos”. En 1571 el médico italiano Pietro Andrea Mattioli (1501-1577) en su obra "Los discursos" extendía su uso a anginas de pecho y hemorragias. En Turín, en el mismo siglo XVI veían la luz unos manuscritos que describían el proceso de fabricación del licor de momia: “carne de hombre joven y sano, muerto de muerte violenta, como ingrediente básico. Se corta en trocitos pequeños y se mete en un tarro de cristal, bien cubierta de aceite y se precinta el tarro. Se deja durante un mes, luego de destila en una retorta. Por cada libra de producto destilado, se añade triaca y musgo. Se mezcla todo con diligencia y de nuevo se deja durante treinta días en lugar caliente”.

      Ante tales propiedades, no es de extrañar que nobles y gobernantes de la época quisieran hacerse con tan preciado producto cuyo comercio ya había nacido en el siglo XII, controlado en su mayoría por judíos y popularizado por un médico árabe de nombre Al-Magar, que tenía la costumbre de recetar aquella sustancia a sus pacientes. Así Pierre Pomet, el boticario de Luis XIV, escribió extensamente sobre las virtudes médicas de la mumia, llegando a conferir un grabado detallado, y no muy exacto, sobre cómo imaginaba que las momias estaban preparadas para el entierro.
       

      La utilización de momias con fines terapéuticos comenzó por un desliz lingüístico. Antiguamente los persas comerciaban con betún, un líquido negro y viscoso al que se le atribuían propiedades saludables al que llamaban “mumia” (mummia, mumiya, mum). Cuando algunos mercaderes europeos llegaron a Egipto y contemplaron por primera vez una momia creyeron que estaban recubiertas de betún, de mumia. Nada más lejos de la realidad. Para mantener los cadáveres en buen estado, los egipcios embalsamaban los cuerpos revistiéndolos con unas resinas y sales que con el tiempo se descomponían dándoles un aspecto oscuro y duro, parecido al del betún. Se produjo la confusión: si la mumia tenía propiedades milagrosas para el cuerpo humano, también lo tendría aquello con lo que se impregnaba a las momias egipcias. Los cruzados culminaron el proceso ya que contaban que la mumia tenía propiedades milagrosas, curando inmediatamente las heridas y soldando en pocos minutos los huesos rotos. El acercamiento con la cultura árabe y el conocimiento de las maravillas de oriente en la Europa cristiana facilitaron que los polvos de mumia se hicieran un hueco en los albarelos de las reboticas.

      Las consecuencias fueron muy negativas, ya que todo aquel que se creía algo tenía que hacerse con el supuesto medicamento: el polvo obtenido al atomizar las momias se diluía en vino o en agua con miel y se dispensaba a la atribulada clientela. Tal fue la necesidad creada, que en algunos casos se llegaron a vender directamente trozos de cadáveres o, también, una pasta de coloración negruzca. Además, en un alarde de creatividad, se elaboraron y comerciaron unos ungüentos obtenidos mezclando sustancias oleosas, a los que se atribuyeron efectos rejuvenecedores de la piel. Aunque todos esos productos poco tenían que ver con las momias egipcias, estas se convirtieron en un negocio muy lucrativo. Al principio no fue difícil conseguirlas, pero el tremendo aumento de la demanda provocó que la materia prima empezase a escasear. Los saqueadores de tumbas se esmeraban al máximo, pero su trabajo no conseguía abastecer al próspero mercado europeo, por lo que no hubo más remedio que recurrir a la falsificación. No tardaron en aparecer comerciantes sin escrúpulos que momificaron alegremente cuerpos de esclavos, cadáveres abandonados o personas ajusticiadas, dando gato por liebre a incautos boticarios.

      La primera persona en denunciar el uso fraudulento de la mumia fue el cirujano francés Ambroise Paré (1510-1590). Lo curioso del tema es que el doctor Paré conoció la realidad de la estafa en una conversación con un personaje originario de Navarra. De las crónicas se deduce que el rey navarro era un adicto consumidor de polvo de momia, pero su popularidad era tanta que la demanda superó a la oferta. No se sabe si a instancias del monarca o por iniciativa propia, pero en 1564 se encuentra a Guy de la Fontaine, el médico personal del soberano, en la ciudad egipcia de Alejandría comprobando la magnitud del problema de escasez e intentando adquirir in situ el preciado remedio. Ambroise Paré relataba años más tarde el chasco que se había llevado Guy de la Fontaine al evidenciar que todo lo relacionado con la mumia era un enorme fraude:
      "Un día, hablando con Guy de la Fontaine, médico célebre del rey de Navarra, y sabiendo que había viajado por Egipto y la Berbería, le rogué que me explicase lo que había aprendido sobre la mumia y me dijo que, estando el año 1564 en la ciudad de Alejandría de Egipto, se había enterado que había un judío que traficaba con momias; fue a su casa y le suplicó que le enseñase los cuerpos momificados. De buena gana lo hizo y abrió un almacén donde había varios cuerpos colocados unos encima de otros. Le rogó que le dijese dónde había encontrado esos cuerpos y si se hallaban, como habían escrito los antiguos, en los sepulcros del país, pero el judío se burló de esta impostura; se echó a reír asegurándole y afirmando que no hacía ni cuatro años que aquellos cuerpos, que eran unos treinta o cuarenta, estaban en su poder, que los preparaba él mismo y que eran cuerpos de esclavos y otras personas. Le preguntó de qué nación eran y si habían muerto de una mala enfermedad, como lepra, viruela o peste, y el hombre respondió que no se preocupara por ello fuesen de la nación que fuesen y hubiesen muerto de cualquier muerte imaginable ni tampoco si eran viejos o jóvenes, varones o hembras, mientras los pudiese tener y no se les pudiese reconocer cuando los tenía embalsamados. También dijo que se maravillaba grandemente de ver cómo los cristianos apetecían tanto comer los cuerpos de los muertos. Como Guy de la Fontaine le insistiese en que le explicase cómo lo hacía para embalsamarlos, dijo que extraía el cerebro y las entrañas y hacía grandes incisiones en los músculos: después los llenaba de pez de Judea, llamada asfaltites, y con tiras de ropa mojadas en dicho licor las colocaba en las incisiones y vendaba separadamente cada parte y cuando esto se había hecho envolvía todo el cuerpo en un trapo impregnado del mismo licor. Una vez efectuado todo esto los metía en cierto sitio y les dejaba que se "confitasen" dos o tres meses. Finalmente Guy de la Fontaine le dijo que los cristianos estaban bien engañados al creer que los cuerpos momificados fuesen extraídos de sepulcros antiguos y el judío respondió que era imposible que Egipto pudiese proporcionar tantos millares de cuerpos como eran pedidos por los cristianos, pues es falso que en aquellos días se embalsamase a nadie, ya que el país estaba habitado por turcos, judíos y cristianos, que no acostumbraban a usar tal tipo de embalsamamiento, como era habitual en los tiempos en que reinaban los faraones".
      Casi seguro que Guy de la Fontine regresó a la Baja Navarra decepcionado y dejando a Juana III de Navarra descompuesta y sin polvo de momia egipcia.

       

       
    • Almaenpena
      Recuerdo cuando me denominaba "creepypastero" o cuando estaba en la etapa depresiva de mi vida y ahora pienso en eso y quizas todo giraba alrededor de mi edad y mi madurez...
      ¿Que etapa de su vida dejaron atras o que recuerda que les apasionaba mucho pero con el paso del tiempo dejaron de hacerlo? Tal vez por madurez o por algun motivo
    • gothmog_es
      La siguiente historia Inca narra uno de los orígenes, que el antiguo Perú creía, sobre las Islas Pachacamac, que se encuentran frente al Santuario y sitio arqueológico Pachacamac.

      Las islas Pachamac, no relacionadas con la discoteca Pachá.
       
      Cavillaca era una princesa inca, una mujer poseedora de una deslumbrante belleza y un brillo solo opacable por el dios sol. Era una mujer cortejada por hombres de alta jerarquía dentro del imperio. A pesar de recibir miles de laiks cada día en Tinder, ella se mantenía inmutable e inconquistable.

      Empoderamiento en estado puro.
       
      Cuniraya era un dios muy importante en el imperio inca. Él era el dios de las cosechas, de la fertilidad, y también era un ser algo presuntuoso.
      Un día, mientras Cavillaca descansaba a la sombra de un lúcumo, el dios Cuniraya quedó embelesado ante la presencia de aquella mujer.
      Observaba y planificaba cual sería la mejor forma de conquistar a la mujer, sin fracasar en el intento; entonces no se le ocurrió mejor idea que transformarme en un cóndor, volar hasta la copa del árbol de lúcumo donde descansaba Cavillaca. Allí, plantó su propia "semilla" en una lúcuma. A continuación, hizo que la fruta cayera cerca de Cavillaca, la cual al ver semejante delicia jugosa, no dudó en comérsela.

      Lúcuma, más que una fruta, el súper alimento del mañana.
       
      Así es como Cavillaca quedó embarazada del dios Cuniraya, pero ésta nunca se enteró, hasta tiempo después, demasiado tarde para llamar al 016.
      Cavillaca dió a luz una hermosa bebé, la crió sola por unos años, pero siempre quizo saber quién era el padre de la niña para poder pedirle una pensión. Para ella, era obvio que debía ser un dios, así que convocó a todos los dioses y señores con poder dentro del imperio.
      Todos asistieron, pensando que Cavillaca iba a desposarse con alguno de ellos. Entre los invitados estaba Cuniraya, pero éste se había disfrazado de mendigo.
      Cavillaca se presentó con su hija entre brazos y les dijo a todos los reunidos la verdadera razón de la reunión. Nadie reconocía a la niña como suya. Entonces, Cavillaca, decide que sea su hija la que, por instinto, reconozca a su padre. La niña fue acercándose lentamente a un señor mendigo, vestido con harapos y desaliñado.

      Hija, no te acerques, te pegará la pobreza.
       
      Cavillaca no iba aceptar que su hija tenga como padre a un pordiosero, la tomó en brazos y salió huyendo del lugar, iba a toda prisa. Cuniraya la llamó pero ella no respondía, la persiguió, se despojó de su disfraz y dejó ver su armadura dorada como el inti, dejó ver su verdadera apariencia, pero ella continuó en su huída.

      Nosotras parimos, nosotras decidimos
       
      Llegó a la orilla del mar, y decidió morir junto a su hija; Cuniraya llegó tarde, Cavillaca se había convertido en una isla grande y su hija en una isla pequeña, ambas frente a Pachacamac.
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