Ir al contenido

publicidad

Foto

Verano 2012: Sobreviviendo al Horror


Este tema ha sido archivado. Esto significa que no puedes responder en este tema.
65 respuestas en este tema

#1

Escrito 08 julio 2012 - 12:22

Imagen Enviada


Tras varios años sin tocarlos, este verano me ha apetecido volver a jugarme los magníficos Resident Evil aparecidos en PSX y me he animado a abrir un hilo en el que pueda ir poniendo mis avances. Sin embargo, he decidido hacerlo de una forma original, distinta a lo habitual, dotando al hilo de una forma narrativa. Es mi particular manera de rendir homenaje al ilustre forero jbrm y a sus hilos de seguimiento tanto me gustaban. De este modo, expondré mis avances basándome en su ejemplo invitando a todos aquellos que así lo deseen a seguir mi progreso con los juegos. He añadido un prólogo basado en el Diario de George Trevor, aparecido en el remake de Resident Evil lanzado para Gamecube. A partir de él, vendrán mis avances en el juego, pero como digo, narrados como si de una novela se tratase. Así pues, tomad asiento y preguntaos por un momento si estáis preparados para sobrevivir al horror. En caso de ser así, no me queda nada más que daros la bienvenida a este humilde hilo que espero que sea de vuestro agrado.

Nota: Debido a su inconexión, en el primer Resident Evil me he centrado en la aventura de Jill Valentine, aunque trataré de combinarla lo mejor posible con la parte de Chris Redfield para acercarme lo mejor posible al desenlace que después se continuó en los siguientes capítulos de la saga. También quiero dejar constancia de que he optado por jugar a Resident Evil: Director’s Cut en su modo Advanced, por lo que es posible que algunos encontréis algunas pequeñas diferencias respecto al juego original precisamente porque dicho modo de juego presenta variaciones en la localización de los objetos.

#2

Escrito 08 julio 2012 - 12:50

Prólogo

Eran casi las seis de la tarde cuando un lujoso vehículo se detuvo frente a la fachada de la mansión. Rápidamente se aproximó un mayordomo que con sumo cuidado abrió la puerta trasera del coche. De su interior enseguida apareció un hombre vestido de forma muy elegante, que elevó la mirada quedando fascinado con el aspecto de la grandiosa mansión. "Bienvenido, señor Trevor. – dijo el mayordomo. – Espero que su vuelo desde Nueva York haya transcurrido con normalidad. Permítame acompañarle, el señor Spencer le espera." De este modo, George Trevor entró en el interior de aquella imponente casa. Él la había diseñado y por fin podía verla totalmente terminada, sonriendo orgulloso pues sentía que era el mejor de sus trabajos.

El mayordomo condujo a Trevor hasta un pequeño estudio en la planta baja donde le estaba esperando Ozwald E. Spencer, dueño de la mansión y la persona que le había contratado para diseñarla. Ahora que las obras habían terminado y la residencia estaba completamente terminada, Spencer había decidido invitar a Trevor y su familia para que pasaran unos días en ella y pudieran contemplar la grandiosidad del edificio. Debido a un proyecto que tenía pendiente, Trevor había enviado a su esposa Jessica y a su hija Lisa a la mansión unos días antes. Él se reuniría con ellas en cuanto lo hubiese terminado. Es por ello que tenía tantas ganas de volver a verlas. Sin embargo, tras el cálido recibimiento, Spencer comunicó a Trevor que su esposa y su hija habían tenido que ir a visitar a su tía Emma, que había caído gravemente enferma, pero que estarían de vuelta en dos o tres días. Trevor quedó pensativo unos segundos, tratando de comprender por qué su mujer no le había avisado, pero enseguida Spencer rompió el silencio: "No se preocupe, estarán de vuelta muy pronto. Llegaron tres días antes que usted y quedaron impresionadas con la casa. Yo también estoy encantado con ella, señor Trevor. Ha hecho un magnífico trabajo y se lo agradezco profundamente". Terminó la frase sirviendo un par de copas de vino, que ambos degustaron mientras continuaron plácidamente la conversación. La complicidad entre Spencer y Trevor era total debido a que eran los únicos que conocían al detalle los numerosos secretos ocultos que contenía aquel edificio.

Cuando terminaron de tomar el vino, Spencer invitó a Trevor a dar un paseo por la mansión, recorriendo las principales estancias y contemplando las decenas de obras de arte que las decoraban, que incluían bellos cuadros y hermosas esculturas. Todas aquellas piezas las había ido adquiriendo Spencer a lo largo de los años, pues era un amante del arte, y había decidido que aquella imponente mansión era el lugar ideal donde exponerlas. Llegados a una sala llena de armaduras, Spencer se dirigió a Trevor: "¿Le gusta? Si le soy sincero, desearía fundar una nueva compañía, de ámbito internacional dedicada a la medicina a la que llamaré Umbrella. Me encantaría poder convertir esta residencia en una de sus sucursales, en donde pudiesen habitar los empleados pero donde también pudiese recibir a mis invitados." De este modo estuvieron hablando hasta que anocheció y Spencer llamó al mayordomo para que indicase a Trevor cuál iba a ser la habitación donde se alojaría.

En los días siguientes Spencer no se dejó ver, lo cual extrañó a Trevor. Sin embargo, lo que más le inquietaba era que ni su mujer ni su hija habían regresado. "¿Tía Emma seguirá enferma? – se preguntaba a sí mismo – No, es imposible. Al menos deberían haberme llamado." Para evitar que aquellos pensamientos le siguiesen atormentando, decidió salir al jardín para dar una vuelta y respirar aire fresco. Quería evadirse, dejar de pensar en ello, pero le era imposible. Había algo extraño en aquella mansión, se sentía observado. Era una sensación muy incómoda. Trevor se detuvo de repente, clavando su mirada en una de las paredes del jardín. Algo había llamado su atención. "¿Y esa cascada?" Se acercó lentamente a contemplarla, pero enseguida advirtió algo que le dejó confundido: detrás de la corriente de agua parecía haber un pasadizo. "Yo no diseñé esto, no es obra mía. ¿Cuándo fue construido todo esto?" Mientras esas dudas le asaltaban, aparecieron tres hombres ataviados con una bata blanca. Parecían nerviosos. "¿Quién es usted y qué está haciendo aquí? – preguntó uno de ellos – Usted no puede recorrer libremente esta zona".

Al día siguiente, antes de la comida, Trevor estuvo gastando unos minutos en la sala de los cuadros que estaba junto a la puerta que conducía al jardín. En las pinturas que decoraban las paredes se representaba el paso del tiempo, desde la tierna infancia hasta la vejez, lo cual le hizo reflexionar acerca de la brevedad de la vida. Justo entonces uno de los hombres con bata que el día anterior le habían reprendido en el jardín entró en la sala, se detuvo junto a él y le espetó "Su familia ha muerto." Trevor se quedó helado, con el rostro desencajado. El tiempo para él pareció detenerse. Sin tiempo apenas para reaccionar, el hombre de la bata blanca golpeó en la cabeza a Trevor, que perdió el conocimiento y se desplomó en el suelo debido a la violencia del golpe.

Cuando despertó, Trevor se dio cuenta de que estaba en una habitación distinta a la que había usado como alojamiento hasta entonces. A los pies de su cama estaba su equipaje. Se levantó con la cabeza aún dolorida, pero cuando se dispuso a abandonar la habitación se dio cuenta de que la puerta estaba cerrada, así que la golpeó tratando de abrirla. De repente, una voz llegó del otro lado: "Es mejor que no nos cause problemas, señor Trevor. Nuestro objetivo es mantener este lugar en secreto. Ahora que usted parece haber descubierto el pasaje secreto del jardín, no podemos arriesgarnos a dejarle marchar. Hasta que Lord Spencer decida qué hacer con usted, me temo que deberá permanecerá aquí encerrado."

Los días pasaban y la desesperación de Trevor iba en aumento. Hacía dos días que no le daban de comer y el hecho de seguir allí encerrado le estaba consumiendo. Además, después de reflexionar acerca del trato recibido, ya no tenía ninguna duda: su mujer y su hija nunca fueron a visitar a su tía Emma. Ellas se habían convertido en las primeras víctimas de Spencer. Por eso mismo reunió fuerzas para escapar de allí. Debía regresar al mundo civilizado y denunciar la locura que había llevado al lunático de Spencer y sus secuaces de bata blanca a asesinar a su familia. Aprovechando el silencio de la noche, se acercó a la puerta y tanteó la cerradura. Había elaborado una ganzúa artesanal con un alambre que había encontrado en uno de los cajones de la mesilla. Estuvo intentándolo durante horas y cuando la desesperación estaba a punto de envolverle, se oyó el ruido inequívoco que indicaba que la cerradura se había abierto.

Ahora era libre para escapar de aquel lugar infernal, pero no todo sería tan fácil. Pronto recordó que cuando ideó la estructura de la mansión, lo hizo de acuerdo con la extraña fascinación que Spencer sentía por los enigmas. Es por eso que la casa estaba llena de trampas y mecanismos, por lo que había que ser cauto. No obstante, recordó la forma de alcanzar el pasadizo secreto que Spencer y él habían concebido para escapar de la mansión en caso de necesidad.

Sin embargo, toda su esperanza se desvaneció cuando descubrió que ese pasadizo que era muy diferente al que él había diseñado. ¿Acaso Spencer había ideado su cautiverio para poner a prueba la seguridad de la casa? La desesperación de Trevor aumentaba por segundos. Agotado, se arrastró por aquel húmedo pasillo hasta que finalmente quedó frente a una gran losa de piedra cubierta de tierra que le bloqueaba el paso. Con sus últimas fuerzas excavó con sus uñas descarnadas para descubrir que aquella losa era una lápida con un nombre grabado en ella: George Trevor. "¿Ese soy yo? – se preguntó Trevor. – ¿Qué clase de psicópata sería capaz de idear algo así? No hay duda. Spencer... Ese lunático calculó desde el principio que en mi empeño por escapar, iría a parar hasta aquí donde expiraría mi último aliento. Por ello preparó mi tumba. Maldito sea por siempre ese canalla, ese malnacido que realizó con éxito su experimento, dejando pistas falsas, alejándome del camino correcto. Me lo imagino riendo a carcajadas en su estudio, mientras yo estoy aquí a punto de morir. Jessica... Lisa... Por favor, perdonadme. No pude salir de aquí. Pronto... nos reuniremos los tres... en el paraíso."

Imagen Enviada




31 años después...

Pasaban pocos minutos de las diez de la noche del veinte de mayo, cuando un excursionista que regresaba de una jornada de senderismo divisó algo extraño entre la maleza cercana al río Marble que discurría junto al camino. Al acercarse, halló el cadáver de una mujer de unos veinte años. Presentaba marcas de mordiscos por todo su cuerpo y sufría de serias mutilaciones. Alarmado, corrió a avisar a las autoridades de Raccoon City. Así, lo que en principio se atribuyó al ataque de algún animal salvaje, pronto se convirtió en una auténtica pesadilla cuando en los días siguientes otras tres personas desaparecieron en las inmediaciones de las Montañas Arklay. En todos los casos, sus cuerpos fueron recuperados, presentando diversas partes mutiladas y numerosas marcas de dentelladas. Pronto circularon rumores sobre terribles monstruos que merodeaban por los caminos que se adentraban en el bosque cercano a Raccoon City. El pánico fue creciendo en la ciudad, hasta que finalmente los habitantes de Raccoon City decidieron actuar.

Lo primero que hicieron fue bloquear el camino que conducía a las Montañas Arklay, prohibiendo el paso a todo aquel que quisiera adentrarse en el bosque. Poco después, el Departamento de Policía de Raccoon (RPD) decidió enviar a su unidad de élite, los STARS, a buscar pistas sobre esos extraños y terribles crímenes. El Equipo Bravo fue el encargado de cumplir esa misión, pero al parecer su helicóptero tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia debido a un fallo en su motor. Cuando se perdió la comunicación con ellos, el Equipo Alpha fue enviado a rescatarles. Eran sus compañeros y no podían dejarles en plena noche en el lugar donde se habían producido aquellos brutales crímenes, por lo que decidieron actuar rápido y partir enseguida.

Imagen Enviada



#3

Escrito 08 julio 2012 - 13:06

Justo estoy jugando al resident evil de psx, seguiré el post :)

#4

Escrito 08 julio 2012 - 13:34

Justo estoy jugando al resident evil de psx, seguiré el post :)


Excelente elección, estoy seguro que lo disfrutarás porque sigue siendo un juegazo a pesar de los años que tiene ya encima. Ah, y gracias por seguir mi hilo :D Hacía años que no lo jugaba y me está encantando volver a recorrer la mansión, porque además el aparecer los objetos en distintos lugares que en el modo original no puedes guiarte por los recuerdos. Por cierto, en breve pondré mis primeros avances para ir completando este pequeño proyecto.

  • Uri_crac

  • Tatsumaki

  • vida restante: 100%
  • Registrado: 14 ene 2006
  • Mensajes: 6.102
#5

Escrito 08 julio 2012 - 15:51

¡¡Genial Ahura!! Me ha encantado tanto la idea que has tenido de llevar a cabo éste hilo, como el prólogo que nos has brindado que es genial,y que nos pone en la piel de aquellos que han vivido el horror de Resident Evil en primera persona, y sobre todo cuando como quien dice, cuando aún nadie conocía los terribles secretos de Racoon City...

Esos documentos, vivencias, diarios de personas que han ido descubriendo el horror de Umbrella, o que directamente han sido especímenes de experimentos o demás, son una de las grandes gracias argumentales de la saga en las primeras entregas sin ninguna duda. Cuando lo lees es como leer un libro de terror en el que te llegas a poner en la piel de esas personas, imaginándote las situaciones, los decorados, incluso los personajes (algunos no tenemos constancia de su físico en los juegos).

Y eso es lo que me va a evocar leer tus crónicas. No solo recordaré el juego y por lo tanto tendré en mi cabeza los momentazos que te hace vivir, sino que estoy seguro que aportarás esa capacidad de imaginar más allá que nuestro amigo jbrm tanto nos había hecho vivir, y que también tu habías logrado en otros hilos (como el mío de hace un año en Wild Arms).

Puede que me piques incluso a rejugar yo el REmake en GC :D

Spoiler


#6

Escrito 08 julio 2012 - 16:38

¡¡Genial Ahura!! Me ha encantado tanto la idea que has tenido de llevar a cabo éste hilo, como el prólogo que nos has brindado que es genial,y que nos pone en la piel de aquellos que han vivido el horror de Resident Evil en primera persona, y sobre todo cuando como quien dice, cuando aún nadie conocía los terribles secretos de Racoon City...

Esos documentos, vivencias, diarios de personas que han ido descubriendo el horror de Umbrella, o que directamente han sido especímenes de experimentos o demás, son una de las grandes gracias argumentales de la saga en las primeras entregas sin ninguna duda. Cuando lo lees es como leer un libro de terror en el que te llegas a poner en la piel de esas personas, imaginándote las situaciones, los decorados, incluso los personajes (algunos no tenemos constancia de su físico en los juegos).


Muchas gracias, Uri :-) En breve os pondré mi primer avance del juego en sí, que de nuevo me está trasladando a ese género que hoy en día se ha perdido. Por eso mismo quería volver a disfrutar de los auténticos Resident Evil, porque para mí la saga nació y murió en la generación de 32 bits. Los demás juegos han ido apartándose cada vez más del espíritu inicial hasta convertirse hoy en día en puros shooters sin gracia alguna. Así pues, he querido volver a visitar Raccoon City y haceros partícipes a todos de ese viaje con este hilo narrativo.

Y eso es lo que me va a evocar leer tus crónicas. No solo recordaré el juego y por lo tanto tendré en mi cabeza los momentazos que te hace vivir, sino que estoy seguro que aportarás esa capacidad de imaginar más allá que nuestro amigo jbrm tanto nos había hecho vivir, y que también tu habías logrado en otros hilos (como el mío de hace un año en Wild Arms).


Es que esos grandes hilos de seguimiento que inició jbrm son un aporte impresionante, que te hace acercarte al juego de nuevo incluso aunque no lo estés jugando, pero te evoca un montón de recuerdos. E incluso en muchas ocasiones, te hacía volver a echarle unas partidas. El hilo de Wild Arms fue fantástico y lo disfruté un montón, lástima que al final no pude terminar el juego, aunque estaba ya en el final. Pero bueno, la partida sigue guardada, que yo sepa :D

Puede que me piques incluso a rejugar yo el REmake en GC :D


Mi idea precisamente es jugarme los tres Resident Evil de PSX y, si me quedan ganas, jugar el remake que tengo para la Gamecube y que todavía ni he probado desde que hace poco más de un año me lo encontré en un Cash Converters al módico precio de 5€ perfectamente cuidado y completo. Pero de momento he querido empezar con el original y esos vídeos con actores que le dan un aspecto total de película de Serie B.

Por cierto, en este caso procuraré dejar constancia de mis logros al final del juego para poder sumar puntos de los Trofeos PSOne. :-) No me enrollo más y sincronizad vuestros relojes: en siete minutos tendréis mis primeros avances en el juego.

#7

Escrito 08 julio 2012 - 16:45

Resident Evil: Capítulo 1

El helicóptero del Equipo Alpha sobrevolaba el bosque que separaba Raccoon City de las Montañas Arklay, pilotado por Brad Vickers. En la parte trasera del aparato, estaban el resto de miembros del equipo, pero ninguno hablaba, la tensión se palpaba en el ambiente. Tan solo el ruido de los rotores rompía ese incómodo silencio. Al frente del equipo estaba el capitán Albert Wesker, que ocultaba su impasible mirada tras los oscuros cristales de sus gafas de sol. A su lado, el veterano Barry Burton rogaba a Dios para que no les ocurriese nada, mientras observaba una foto de su familia. Joseph Frost, se afanaba en tener a punto su escopeta. Estaba nervioso puesto que hacía poco tiempo que había sido ascendido por el capitán Wesker y no quería decepcionarle. Tan solo Chris Redfield y Jill Valentine observaban por el cristal del helicóptero, tratando de encontrar alguna evidencia que revelase el paradero de sus compañeros del Equipo Bravo. "¡Mira, Chris!", exclamó Jill señalando una columna de humo que se elevaba desde un claro del bosque. Brad condujo el helicóptero hacia allí y tomó tierra, pero por precaución prefirió seguir a los mandos del aparato sin apagar el motor. Enseguida el resto de miembros del Equipo Alpha bajaron a tierra y comenzaron a investigar. No había duda. La fuente del humo era el helicóptero del Equipo Bravo, cuyo motor parecía haberse incendiado. Sin embargo, ninguno de integrantes del grupo se encontraba en su interior, así que Wesker dio la orden de rastrear los alrededores en busca de sus compañeros, aunque pidiendo a todos que estuviesen alerta.

Joseph removía un pequeño matorral en busca de pistas sin sospechar que algo le estaba observando, acechándole desde la oscuridad de los árboles cercanos. De repente, Joseph encontró algo y llamó a sus compañeros: "¡Eh, chicos! ¡Venid aquí!". Parecía la pistola reglamentaria de uno de los miembros de STARS, pero cuando la recogió del suelo se dio cuenta de que una mano amputada estaba aferrada al arma. Horrorizado por aquella imagen, dejó caer la pistola mientras profería un agudo alarido. Para su desgracia, en ese mismo momento de la espesura del bosque surgieron varias terribles criaturas que se abalanzaron sin piedad sobre él. Sus desgarradores gritos pidiendo auxilio hicieron acudir rápidamente a sus compañeros, quienes tan solo pudieron comprobar cómo una especie de perros putrefactos desgarraban a dentelladas el cuerpo de Joseph, que yacía inerte en el suelo. Inmediatamente sacaron sus armas y comenzaron a disparar, pero por alguna extraña razón aquellos perros no solo no caían abatidos, sino que comenzaban a gruñir y ladrar con más fiereza. "¡¡Larguémonos de aquí!!" gritó Barry. Sin embargo, ante los gritos de Joseph y los posteriores disparos, el piloto Brad fue víctima de un ataque de pánico y se elevó con el helicóptero, dejando a sus compañeros a merced de aquellos monstruos.

Sólo les quedaba una opción: adentrarse en el bosque y tratar de ahuyentar a aquellas bestias vaciando sus cargadores. Cuando llevaban varias decenas de metros de carrera, Chris divisó lo que parecía ser una mansión en mitad del bosque. Aquella era su salvación. Todos incrementaron el ritmo de su carrera, pero Chris quedó un poco rezagado al tener que recargar su arma. Agónicamente, Jill, Barry y Wesker lograron entrar en la casa, cerrando tras de sí la puerta antes de ser devorados por uno de aquellos perros. "¡¡No!! –gritó Jill - ¡¡Chris está ahí fuera!!" Pero Wesker la detuvo antes de que abriese de nuevo la puerta. "¡Si lo haces estaremos a merced de esos monstruos. No podemos hacer nada por Chris."

Mientras recuperaban el aliento, pudieron darse cuenta de lo impresionante que era la mansión en la que se habían adentrado. De repente, a lo lejos pudo escucharse un disparo. "¿Qué ha sido eso?", dijo Jill. Wesker quedó pensativo unos segundos. "Tal vez sea Chris... Jill, ve a echar un vistazo." En ese momento Barry intervino: "Espera un momento, yo también voy. Chris y yo somos viejos amigos, así que si está en apuros yo también quiero ayudarle." Wesker aceptó y, mientras Jill y Barry se dirigían a la habitación de la izquierda, les pidió que tuviesen mucho cuidado. Él permanecería esperando en aquel amplio vestíbulo.

La habitación contigua parecía ser un amplio comedor. Barry lo recorrió lentamente, pero enseguida algo captó su atención al fondo de la habitación: ¡un charco de sangre! "Espero que no sea de Chris", dijo e inmediatamente le pidió a Jill que investigase lo que había al otro lado de la puerta que tenían a su derecha. Así lo hizo ella, llegando a un largo pasillo. Caminó con cautela unos pasos hasta descubrir una extraña criatura de aspecto humano, pero de piel putrefacta que estaba devorando a Kenneth J. Sullivan, uno de los miembros desparecidos del Equipo Bravo. Jill no lo dudó, apuntó con su arma y empezó a disparar. Sin embargo, ante su asombro, necesitó casi medio cargador para tumbar a aquel monstruo. Una vez abatido, pudo comprobar que se trataba de un ser de pesadilla: ¡un zombi! Del mismo modo, examinó el cuerpo decapitado de Kenneth y rescató un par de cargadores. Tal y como se estaban desarrollando los acontecimientos, la munición podía adquirir una vital importancia.

Jill regresó al comedor pero antes de poder informar a Barry, otro de esos zombis irrumpió en la sala. Tras ser abatido por Barry, Jill le explicó que una de esas horribles criaturas había asesinado a Kenneth. Inmediatamente regresaron al vestíbulo de entrada para informar a Wesker, pero no encontraron allí al capitán. En ese momento, decidieron separarse y explorar el primer piso a fondo en busca de alguna pista, aunque antes de marcharse por la puerta del comedor, Barry le entregó un juego de ganzúas a Jill por si podían serle de utilidad. Sabía que ella era muy hábil con ese tipo de herramientas y que en cambio él no sería capaz de hacer nada con ellas.

Una vez Barry se hubo marchado, Jill quedó en el inmenso vestíbulo dudando unos instantes. Podía haber tomado las puertas de su izquierda, pero pensó que tal vez sería mejor idea ir al encuentro de Barry y explorar juntos aquel edificio. De este modo, Jill atravesó el comedor y llegó al pasillo donde Kenneth había sido brutalmente asesinado. Al fondo se veían unas puertas dobles, pero cuando intentó abrirlas se dio cuenta de que estaban cerradas desde el otro lado. Entonces se fijó en las otras dos pequeñas puertas en la pared del pasillo. Una de ellas también estaba cerrada desde el otro lado, pero por suerte la otra no. Tras cruzar la puerta, Jill se encontró con un pequeño bar repleto de botellas de todo tipo de licores. Sin embargo, lo más llamativo era el elegante piano de cola que presidía la estancia. Después de inspeccionar minuciosamente aquella sala, acabó hallando en una de las estanterías una partitura de la Sonata Claro de Luna del genial Beethoven. Quizás por romper la tensión de todo lo que estaba ocurriendo, Jill recordó las clases de piano que tomó durante su infancia y se animó a tocar aquella hermosa melodía. Su sorpresa fue mayúscula cuando sintió que, al poco de empezar a tocar, se abría un pequeño pasadizo. ¡La melodía parecía ser la clave para activarlo!

Con mucha cautela, Jill se aventuró a inspeccionar el lugar revelado por la música de Beethoven. Era un pequeño cuarto con una escultura al fondo, en cuya base destacaba un pequeño emblema de oro. Maravillada por su belleza, Jill lo extrajo pero entonces el pasadizo volvió a cerrarse. Horrorizada por la idea de haber quedado atrapada, se apresuró a colocar el emblema en su sitio y entonces de nuevo el pasadizo quedó abierto. "Esta mansión parece estar llena de enigmas y trampas. – pensó – Será mejor ir con cuidado."

En vista de que Barry no estaba por allí y que el resto de puertas estaban cerradas, Jill regresó al vestíbulo. Sin embargo, en lugar de seguir explorando el otro ala de la casa tal y como Barry había sugerido, decidió subir las escaleras y probar suerte en el segundo piso. Una vez arriba, vio unas puertas dobles a su izquierda y dos pequeñas puertas a su derecha. Dudó unos instantes, pero optó por una de las dos puertas pequeñas, la que quedaba más cerca de la barandilla que protegía de caer a la primera planta. Al otro lado había un angosto pasillo con una puerta al fondo y marcas de sangre en la pared. Aquello puso en alerta a Jill, que comenzó a avanzar despacio apuntando con su arma lista para usarla en caso de que fuese necesario. Con mucha suavidad giró el pomo de la puerta, la abrió y la cruzó rápidamente, pero casi sin tiempo para reaccionar se encontró encañonada por el revólver de Barry.

"¿Jill? ¡Menudo susto me has dado!", dijo Barry bajando su arma. "¿Qué haces aquí, Barry? – preguntó Jill – No habíamos dicho nada de explorar la segunda planta." Barry se disculpó: era consciente de lo que habían hablado en el vestíbulo tras la desaparición de Wesker. Sin embargo, enseguida indicó a Jill lo que había encontrado en aquel pequeño balcón en el que se encontraban: "Echa un vistazo a esto, Jill. Es Forest... O lo que queda de él. Tiene el cuerpo lleno de marcas de picotazos, como si hubiese sido víctima del ataque de una bandada de pájaros." Era una escena dantesca. El cadáver de Forest Speyer, el experto francotirador de los STARS, yacía inerte apoyado contra la barandilla del fondo, con el rostro desfigurado y los brazos llenos de marcas del brutal ataque. Incluso se podía apreciar cómo le habían arrancado pequeños pedazos de carne. El cadáver de su compañero del Equipo Bravo aún sostenía entre sus manos un lanzagranadas. "Quédatelo tú. – dijo Barry. – Creo que a él ya no le hará falta." Así pues, Jill se hizo con el potente lanzagranadas, pero al recogerlo se dio cuenta de que algo brillaba bajo una de las piernas de Forest. ¡Era una llave! Seguramente les sería de ayuda para moverse por aquella mansión, por lo que Jill se dispuso a recogerla, cuando de repente... ¡¡Forest se abalanzó sobre ella!!

De una patada pudo deshacerse de su atacante, pero éste no parecía dispuesto a rendirse. Jill y Barry retrocedieron espantados mientras contemplaban cómo Forest se erguía lentamente y se acercaba a ellos caminando torpemente, pero con intención de atacarles. "¡Dios mío! – exclamó Barry. - ¡¿Qué demonios significa esto?! ¡¡Tú también lo has visto, Jill, y estaba muerto!! ¡¡Forest estaba muerto!!" Armándose de valor, Jill encañonó al que había sido su compañero y tras vacilar unos segundos, acabó apretando el gatillo. Uno, dos, tres, cuatro disparos y nada, Forest no caía abatido. De nuevo quedaba patente la enorme resistencia de aquellas criaturas. Al quinto disparo, Forest cayó al suelo pero aún así continuó arrastrándose lentamente hacia ellos. Nada parecía detenerle hasta que un certero disparo en la cabeza acabó definitivamente con él.

Durante unos segundos Jill y Barry contemplaron el cadáver de Forest tratando de asimilar lo que había ocurrido. Pronto comprendieron que aquellos abominables perros que les habían atacado en el bosque y los zombis que deambulaban por la casa guardaban una estrecha relación y que aquella mansión era la que guardaba el terrible secreto que lo explicaría todo. Estaban dispuestos a descubrir la verdad de lo que había ocurrido allí y a averiguar el por qué su compañero Forest se había convertido en una de aquellas criaturas de pesadilla.

Tras hacerse con la llave, que tenía grabado en su extremo una armadura, y registrar el cadáver de Forest en busca de munición, Jill y Barry abandonaron aquel balcón y volvieron a separarse para buscar a sus compañeros desaparecidos y pistas que les ayudasen a descubrir el origen de los horrores que albergaba la casa. Mientras Barry optó por seguir explorando la segunda planta, Jill regresó a la primera planta y se centró en indagar las estancias del ala opuesta al comedor. Optó por cruzar las puertas dobles que tenía ante sí y se encontró en una sala con las paredes decoradas con cuadros y una estatua en el centro de la estancia, que representaba una mujer con un cántaro. Jill creyó ver algo en el interior del cántaro de la escultura, pero como no alcanzaba, acercó una pequeña escalera que había en un rincón.

Su intuición no le había fallado: era el mapa de la planta en que se encontraba. Le sería de mucha utilidad para no perderse. Continuó por la puerta del fondo que, aunque estaba cerrada, presentaba una cerradura simple que no le costó abrir con el juego de ganzúas que Barry le había entregado. Estaba en un largo pasillo en forma de ele con ventanas que daban al exterior y varias consolas decorando la pared de la izquierda. De repente, cuando estaba a punto de llegar al punto en que el pasillo giraba noventa grados, dos de los horribles perros que les habían obligado a refugiarse en aquella mansión atravesaron dos de las ventanas, rompiéndolas en mil pedazos. Enseguida se lanzaron contra Jill con intención de devorarla, tal y como habían hecho con Joseph, pero Jill no estaba dispuesta a consentirlo: les apuntó con su Beretta y abrió fuego sin contemplaciones. Al igual que ocurría con los zombis, aquellos perros resistían más disparos de lo normal, pero finalmente acabaron cayendo. Se quedó unos instantes contemplando los cuerpos inertes de aquellas dos bestias. Ahora que podía verles con claridad, no había duda: por alguna extraña razón, aquellos seres también eran una especie de zombis en versión canina. Jill respiró profundamente y decidió continuar, no sin antes coger un cargador que se encontraba detrás de una de las consolas del pasillo.

Ahora se encontraba en un estrecho pasillo con varios recodos que no le inspiraban demasiada confianza. Gracias a la llave de la armadura pudo abrir una puerta que daba a un patio, donde encontró un paquete de herbicidas. No sabía si le sería de utilidad, pero por si acaso lo recogió. Justo entonces, se vio rodeada de más perros que empezaron a llegar hasta ella saltando una pequeña valla. Jill esquivó sus ataques y optó por regresar corriendo al interior de la casa, cerrando tras de sí la puerta del patio. No andaba muy sobrada de munición y prefirió escapar, aunque lo había pasado muy mal y ahora su corazón latía tan deprisa que parecía que fuese a salírsele del pecho. Cuando se hubo calmado un poco, siguió recorriendo aquel pasillo hasta llegar al otro extremo. Tenía dos opciones: unas puertas dobles a un lado o una pequeña puerta al otro. Optó por la segunda opción y, tras cruzar una pequeña sala cuadrangular, se halló en un pequeño y acogedor salón, presidido por una imponente chimenea. Sin embargo, no estaba sola. Tres zombis se percataron de su presencia y se lanzaron hacia ella, pero Jill tuvo el tiempo suficiente para vaciar su cargador en aquellas horribles criaturas hasta acabar con ellas.

Ahora que contaba con tiempo suficiente para investigar la sala, se percató de una magnífica escopeta que estaba expuesta en la pared del fondo. Jill corrió a por ella, pero en cuanto la descolgó escuchó activarse un mecanismo. Ante el temor de que algo fuese a ocurrir en aquel salón, decidió salir corriendo de allí, pero entonces en la sala cuadrangular se dio cuenta de que había activado una terrible trampa: la puerta que daba al pasillo no se abría y el techo de la habitación comenzaba a descender lentamente. En ese instante comprendió que, a pesar de su valor, debía depositar la escopeta de nuevo en su sitio. Así lo hizo y el mecanismo quedó nuevamente inhabilitado, por lo que Jill pudo volver al pasillo y recuperar de nuevo el aliento, mientras pensaba que aquella mansión llena de acertijos, enigmas y trampas era verdaderamente era infernal. Su siguiente objetivo sería cruzar las puertas dobles que tenía ante ella.

Continuará...

Imagen Enviada



  • Uri_crac

  • Tatsumaki

  • vida restante: 100%
  • Registrado: 14 ene 2006
  • Mensajes: 6.102
#8

Escrito 08 julio 2012 - 16:46

Uf pero no sé como se te queda el cuerpo si te digo que el REmake para mi es el único remake de un juego que logra superar al original...

Estaba convencido que sí lo habías jugado y más después del prólogo que nos has puesto, pero si no es así, evita leer mi spoiler del final del mensaje anterior xD

Estaré atento a tus partidas :D Por mi parte de momento no podré pasarme la versión de PSOne, ni la tercera entrega, aunque al igual me uno a ti en la segunda :D

Y será genial si te animas con los trofeos. Muchas gracias :)

#9

Escrito 08 julio 2012 - 22:47

Uf pero no sé como se te queda el cuerpo si te digo que el REmake para mi es el único remake de un juego que logra superar al original...

Estaba convencido que sí lo habías jugado y más después del prólogo que nos has puesto, pero si no es así, evita leer mi spoiler del final del mensaje anterior xD


No te preocupes, que no lo haya jugado no quiere decir que no lo conozca, así que no te preocupes, que ya sé quién es Lisa Trevor y que es indestructible, ahora solo me falta jugarlo para comprobarlo :] Eso sí, si los hunters me queman la sangre, no quiero ni imaginar lo que pueden llegar a cabrearme los Crinsom Head :|

Estaré atento a tus partidas :D Por mi parte de momento no podré pasarme la versión de PSOne, ni la tercera entrega, aunque al igual me uno a ti en la segunda :D

Y será genial si te animas con los trofeos. Muchas gracias :)


Estaré encantado de compartir partida contigo, Uri :-) Lo de los trofeos dalo por hecho. Cuando acabe mi partida, sacaré una foto del resultado final. De momento lo estoy jugando con Jill en el modo Advanced. Veré si me quedan ganas de jugar en modo Advanced Extreme, que es lo que vendría a ser el juego de Chris :-P

Y por hoy iré cerrando mi intervención en este hilo con la siguiente entrega de mis avances. La estoy ultimando y estará lista dentro de trece minutos, así que permaneced a la espera!!

#10

Escrito 08 julio 2012 - 23:00

Resident Evil: Capítulo 2

Jill se encontraba en un oscuro pasillo donde de nuevo tuvo que hacer frente a dos de aquellos zombis. Necesitaba encontrar munición porque los cargadores caían uno detrás de otro por culpa de la feroz resistencia de esas horribles criaturas. Ahora podía elegir varias opciones y las fue tanteando. Al fondo había un pequeño corredor que conducía a un estrecho pasaje donde Jill tuvo que abatir a otros dos perros. Sin embargo, la puerta del final estaba cerrada a cal y canto, aunque al lado había un extraño panel metálico con cuatro agujeros hexagonales. ¿Tal vez se trataba de otro de esos extraños mecanismos? En esos momentos daba igual, porque Jill no tenía nada que pudiera colocarse en dichos huecos, pero apuntó el lugar en su mapa.

Regresó de nuevo al oscuro pasillo y entró en la puerta que tenía enfrente. Aquella era una estancia inquietante, decorada con una serie de cuadros y con un buen puñado de cuervos posados en una barra metálica situada cerca del techo. ¿Serían esos los mismos que habían acabado con Forest? Estaba a punto de marcharse de allí cuando se percató de que debajo de los cuadros había una serie de interruptores. Algo le hizo pensar en que era otro de esos enigmas que era necesario descubrir para poder avanzar. Antes de tocar ningún botón, Jill estuvo observando detenidamente las pinturas y se dio cuenta de que todas ellas representaban las diferentes edades del hombre, desde su niñez hasta la vejez, aparte de un cuadro al fondo de la sala que hacía referencia al tema en su título: "El final de la vida". Su intuición le hizo pulsar los botones siguiendo un orden cronológico, empezando por la pintura del recién nacido y acabando por la del anciano, sintiendo en todo momento la mirada de los cuervos clavada en ella. Una vez hizo eso, pulsó el botón del cuadro del fondo, que cayó al suelo revelando tras de sí un agujero en donde había una especie de medallón hexagonal con el dibujo de una nube. Enseguida Jill recordó el panel de los huecos hexagonales y comprendió que esa era una de las piezas que necesitaba, así que se la guardó y salió de aquella estancia sin perder de vista a los cuervos, que la miraban sin hacer nada, salvo algún que otro graznido de vez en cuando.

De vuelta de nuevo en el pasillo oscuro, comprobó que una de las puertas que no había abierto estaba cerrada y que tenía un pequeño grabado de un casco, así que comprendió que necesitaba la llave adecuada. Probó la última puerta que le quedaba por comprobar y accedió a una sala con dos de aquellos zombis y una escalera al fondo. Tras acabar con los zombis se dio cuenta que a mano derecha había un pequeño almacén, así que no lo pensó y entró a ver si podía hallar algo que le fuese de utilidad. Dentro encontró varios cargadores y una escopeta, pero que desgraciadamente estaba rota. "¡Un momento! – pensó. – ¿Y si pruebo a sustituir la escopeta que activaba la trampa por esta otra? Tal vez de ese modo, al quedarse otra escopeta, el mecanismo de la trampa no se active." Sin pensarlo dos veces, Jill se dirigió de nuevo al pequeño salón con chimenea y cambió la escopeta por la que estaba rota. Tomó aire antes de probar a salir, pero afortunadamente comprobó que su idea había dado resultado. ¡Ahora tenía también una escopeta con la que hacer frente a los engendros que poblaban la casa!

Regresó al pasillo del almacén y subió las escaleras hasta llegar a un nuevo y largo pasillo, totalmente enmoquetado, aunque de nuevo se vio obligada a abatir a otro de aquellos zombis. Se adentró en el pasillo y abrió la puerta que daba a un pequeño distribuidor con una puerta en cada extremo y decorado con una cabeza de ciervo disecada. Optó por probar a entrar en la puerta que le quedaba más cerca y se topó de nuevo con Barry. "¡Barry! ¿Has encontrado algo?" preguntó Jill. "Sí, échale un vistazo a esto." dijo Barry mientras le extendía a Jill un pedazo de papel, que ella examinó detenidamente:

"Sí, estoy infectado. Hice todo lo que pude, pero tan solo conseguí retrasar el proceso unos pocos días. Lo que más me aterra es que iré olvidando más y más cosas conforme vayan pasando los días. Así que he decidido escoger una muerte placentera en lugar de convertirme en un muerto viviente. Dentro de una hora habré entrado en mi sueño eterno. Espero que entiendas mi decisión.
Adiós y siempre tuyo. Firmado: Martin Crackhorn"


Era una especie de carta de despedida, probablemente de alguno de los habitantes de la mansión. Hablaba de que estaba infectado y en el hecho de convertirse en muerto viviente. ¿Tal vez los zombis fuesen en realidad víctimas de un nuevo tipo de enfermedad? Esa era la idea que parecía desprenderse de aquel escrito, pero enseguida Jill se dio cuenta de que faltaba un trozo. Alguien había recortado la parte superior de la carta. "Lo sé. – dijo Barry. – Yo también me he dado cuenta de que la carta está incompleta y, aunque nos da una valiosa información, no sabemos si la parte más importante estaba en el trozo que se ha perdido." De todas formas, comprendieron que no podían hacer nada más. Barry salió de nuevo para seguir explorando, pero Jill decidió examinar a fondo esa habitación, donde destacaba un imponente acuario. Pronto encontró un interruptor oculto en un panel lleno de insectos disecados. Al pulsarlo, el acuario se vació por completo. Eso le hizo pensar en si tal vez había algo oculto detrás de él, así que lo empujó hasta que topó con la pared pero enseguida vio que no había nada detrás del acuario. Sin embargo, se percató de un pequeño hueco detrás del armario que había junto al acuario. Como no le cabía la mano en la abertura, empujó con todas sus fuerzas el armario hasta dejar al descubierto un pequeño agujero en donde encontró la mitad de otro medallón hexagonal que en este caso parecía tener el dibujo de la luna.

Explorada por completo la sala del acuario, Jill regresó al distribuidor para entrar en la otra sala, pero en ese momento... ¡¡un zombi abrió la puerta que daba al pasillo y se lanzó a por Jill!! Sus rápidos reflejos le permitieron esquivar el ataque y disparar a quemarropa al zombi, cuya cabeza estalló en mil pedazos. Pasado el susto, Jill pudo cruzar la puerta que quería para encontrarse en una habitación con dos camas. Para su alegría halló un par de cargadores, aparte de un pequeño mechero de gasolina que se guardó en el bolsillo. Tras comprobar que no había nada más de utilidad, Jill regresó al pasillo enmoquetado y se dirigió al fondo del pasillo, donde tuvo que aniquilar a otro zombi. El final del corredor albergaba otra puerta que daba paso a una estancia en donde únicamente había una chimenea y un cuadro completamente blanco sobre ella. La leña estaba lista para ser encendida, así que Jill decidió comprobar que el mechero que acababa de encontrar funcionaba a la perfección y encendió el fuego de la chimenea. Para su sorpresa, el calor hizo aflorar un dibujo en el cuadro: ¡era el mapa del segundo piso de la mansión! Jill lo cogió sin dudarlo y después intentó abrir la puerta de la derecha, pero se dio cuenta de que estaba cerrada y que nuevamente tenía grabado un casco en su cerradura.

De regreso al pasillo enmoquetado, Jill se dirigió al otro extremo, que era el que aún le quedaba por explorar. Se topó con otro zombi más, al que destrozó con un certero disparo de su escopeta, y una puerta que estaba cerrada desde el otro lado. Por suerte, a mano izquierda había otra puerta que sí estaba abierta y le condujo a un nuevo pasillo, de paredes rojas en esta ocasión, aunque enseguida tuvo que hacer frente a dos zombis que se abalanzaron rápidamente sobre ella en cuanto la vieron aparecer. Sin embargo, el problema en este caso fue que la tenían rodeada, por lo que tuvo que ser rápida para acabar con ambos zombis antes de ser herida. Una vez recuperó el aliento, comprobó la puerta que estaba al fondo y que daba a una pequeña biblioteca. Encima de una mesa encontró un libro de botánica que estuvo ojeando. Enseguida reconoció las plantas medicinales típicas de la zona que aparecían detalladas en el libro: la verde con cualidades curativas, la azul que servía de antídoto contra el veneno y la roja que por sí sola no tenía valor, pero que combinada con otra potenciaba sus cualidades. Jill decidió regresar por donde había venido y seguir explorando el corredor rojo.

Avanzaba despacio, con precaución por si alguna de esas horribles criaturas aparecía de repente. Cuando alcanzó la siguiente puerta, Jill se aventuró a cruzarla para encontrarse con una sala al más puro estilo medieval, llena de hermosas armaduras. Al fondo vio una vitrina y en su interior un emblema de madera. Creyendo que podría ser de utilidad, trató de abrir la vitrina pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. Entonces se dio cuenta de que en mitad de la habitación había un botón. Se disponía a pulsarlo cuando se fijó en dos pequeñas rejillas, una a cada lado del interruptor. "Esto me da muy mala espina – pensó Jill. – Vistas las trampas que alberga esta casa, no me extrañaría que pudiese salir de aquí algún tipo de gas asfixiante." En ese momento se fijó en las dos pequeñas esculturas que había en el centro de la estancia y pensó que podría tapar con ellas las dos rejillas y evitar problemas. Una vez lo hubo hecho, apretó el interruptor y la vitrina se abrió, dejando a su alcance el emblema. Tras recogerlo, Jill salió de aquella sala y regresó al pasillo rojo para seguir explorando nuevas habitaciones.

Al doblar la esquina, divisó un nuevo zombi que afortunadamente no se había percatado de su presencia, por lo que Jill pudo apuntar a la cabeza del monstruo y dispararle. Un trozo de cráneo saltó por los aires, pero no fue suficiente para acabar con el monstruo, que se giró buscando a su agresor. Un segundo disparo terminó por hacerle reventar la sesera y, aunque aún avanzó un par de metros, enseguida se desplomó. Jill recargó la escopeta con los tres últimos cartuchos que le quedaban. "Esto no es bueno – pensó. – Esas horribles criaturas infestan la casa y empiezo a quedarme sin munición para la escopeta".

Ya podía divisar el final del pasillo. Según pudo comprobar en su mapa, la puerta del fondo comunicaba con la segunda planta del vestíbulo de entrada, justo al lado de la puerta que conducía al balcón donde Forest había muerto. Sin embargo, todavía quedaba una puerta por abrir y ese fue su siguiente objetivo. De nuevo la cerradura estaba marcada con una armadura, por lo que una vez más tuvo que hacer uso de la llave que había encontrado junto al cadáver de Forest. Una vez abierta, Jill cruzó la puerta e inmediatamente se quedó quieta, escuchando: no había duda, alguien respiraba con dificultad unos metros más allá, así que corrió hasta doblar la esquina y encontrarse con otro de sus compañeros del Equipo Bravo tirado en el suelo, moribundo. Era Richard Aiken y presentaba un aspecto dantesco, con su uniforme destrozado y lleno de brutales heridas que no paraban de sangrar. Jill se echó de rodillas junto a su compañero: "¡Richard! ¡¿Qué ha pasado?! ¡¡Estás herido!!". Richard respondió con dificultad por culpa de sus graves heridas: "Jill... esta casa es... el infierno... Este es mi fin... Una serpiente gigante me atacó..." Parecía que Richard estaba envenenado, por lo que si no recibía un antídoto moriría en escasos segundos. De acuerdo con el mapa, había un pequeño botiquín en una estancia del ala del comedor, así que Jill se dispuso a ir allí con la esperanza de encontrar algún antídoto: "¡Aguanta Richard! Volveré enseguida."

Jill salió corriendo hacia la puerta que daba al vestíbulo y lo cruzó entero hasta alcanzar la habitación que estaba sobre el comedor. No era una estancia al uso, sino que se trataba de un amplio corredor que bordeaba todo el perímetro de la sala, con una barandilla desde la que podía apreciarse el comedor en la planta inferior. Sin embargo, Jill no tenía tiempo para maravillarse con la arquitectura de la casa. Enseguida sacó su pistola y disparó cinco veces sobre el zombi que tenía a su derecha, hasta que logró abatirlo. Ya se disponía a disparar contra el otro engendro cuando se dio cuenta de un detalle que podía hacerle salvar un poco de munición: aprovechó que faltaba un trozo de barandilla y que el zombi se encontraba justo en ese punto para arremeter contra él y hacerle caer al comedor, rompiendo una de las sillas en su caída. El golpe pareció ser fatal para la criatura, que quedó completamente inmóvil. No obstante, Jill no quiso confiarse y empujó la hermosa escultura que tenía a su lado para hacerla caer por el mismo hueco en la barandilla por el que había arrojado al zombi y que reventase al monstruo al caer sobre él. El impacto fue brutal y tanto la escultura como el zombi quedaron destrozados. Para su asombro, Jill acertó a ver que entre los restos de la escultura había otro de esos medallones hexagonales. Probablemente formaba parte de su decoración, pero ante la tensión del momento no se había percatado de ello. Sin embargo, ahora no tenía tiempo para ir a buscarlo. Ya lo haría cuando hubiese salvado a Richard.

Eliminadas las amenazas, Jill se dirigió a la siguiente puerta. Se encontraba en un pasillo de escasa anchura que rodeaba unas escaleras que descendían, pero en donde había tres zombis dispuestos a acabar con ella. De acuerdo con el mapa, la sala del botiquín se encontraba bajando esas escaleras, por lo que Jill decidió usar un método contundente para acabar con los monstruos: se armó con el lanzagranadas y disparó. El primer impacto hizo saltar por los aires a los dos primeros zombis, por lo que necesitó un segundo disparo para acabar con el tercero. Una vez hubo despejado el camino, Jill descendió rápidamente las escaleras y se adentró en la primera habitación que encontró. Inspeccionó rápidamente las estanterías y... ¡premio! Halló un par de botes de antídoto. Cogió uno de ellos, una jeringuilla y deshizo el camino hasta encontrarse de nuevo con Richard, que prácticamente agonizaba. "¡Richard! ¡Aguanta! Tengo aquí el antídoto." Jill preparó rápidamente la jeringuilla con el antídoto y se lo inyectó a Richard, que empezaba a sufrir convulsiones. "Jill... Por... por favor... toma mi radio... Tal vez te sea útil... Yo... yo..." De repente, Richard comenzó a escupir sangre por la boca. Definitivamente estaba agonizando: "Jill... Ten cuidado... Argh..." Fueron las últimas palabras de Richard, que enseguida quedó completamente inmóvil. El veneno y las terribles heridas de su cuerpo habían acabado con él. Desgraciadamente, otro de los miembros de STARS había caído en aquella espantosa mansión. ¿Quién sería el siguiente? Jill permaneció unos minutos junto al cadáver de su compañero, mientras recuperaba el aliento. Finalmente, entendió que no podía perder más tiempo. Se guardó la radio que Richard le había entregado y registró el cadáver en busca de municiones. Debía seguir explorando la casa en busca de sus demás compañeros y de pistas que explicasen lo que estaba ocurriendo allí.

Continuará...

Imagen Enviada



  • true_kiat

  • Moderador
  • Trine

  • vida restante: 100%
  • Registrado: 12 ago 2002
  • Mensajes: 25.029
#11

Escrito 09 julio 2012 - 12:37

Gran apuesta para el verano, AhuraMazda :) Durante el seguimiento de Wild Arms devoraba tus elaboradas crónicas, que se hacían muy amenas de leer. De esta he leído el prólogo y tiene una pinta estupenda, con una narración y una atmósfera que me han evocado detalles de El Resplandor de Stephen King, libro que me leí hace un par de años. Sin embargo, como nunca he jugado al primer RE creo que me esperaré a empezarlo para leer el resto :inocente: Quizá esta sea la excusa perfecta para hacerlo, y así me quito la espina que tengo desde hace años. A día de hoy sólo me he pasado el RE2, y tengo el RE3 en la estantería sin probarlo siquiera. ¿Creéis que valdría la pena tratar de meter en la PSP el RE1 original, o voy directo al RE:DC?

#12

Escrito 09 julio 2012 - 13:27

Gran apuesta para el verano, AhuraMazda :) Durante el seguimiento de Wild Arms devoraba tus elaboradas crónicas, que se hacían muy amenas de leer. De esta he leído el prólogo y tiene una pinta estupenda, con una narración y una atmósfera que me han evocado detalles de El Resplandor de Stephen King, libro que me leí hace un par de años.


Muchas gracias, true ^v^ La verdad es que esta nueva forma de acercarse al juego, combinando el jugarlo con una exposición de mis avances de forma narrativa, aunque requiere de bastante tiempo, me está resultando muy satisfactoria. A ver si luego esta tarde añado un poco más de mis avances. El juego es sublime, pese a los años que tiene.

Sin embargo, como nunca he jugado al primer RE creo que me esperaré a empezarlo para leer el resto :inocente: Quizá esta sea la excusa perfecta para hacerlo, y así me quito la espina que tengo desde hace años. A día de hoy sólo me he pasado el RE2, y tengo el RE3 en la estantería sin probarlo siquiera. ¿Creéis que valdría la pena tratar de meter en la PSP el RE1 original, o voy directo al RE:DC?


Efectivamente, mejor no leas nada hasta haberlo jugado porque este hilo viene a ser un spoiler de dimensiones épicas, así que conviene haberlo jugado antes para evitar perder la gracia de jugarlo. Eso sí, yo te animo a que te lances a jugarlo si tienes ocasión porque es uno de los grandes clásicos de PSX y el inicio de una saga mítica.

Respecto a lo de probar una u otra versión, lo bueno que tiene la versión Director's Cut es que tiene tres modos diferentes de juego: Training (vendría a ser el modo "Fácil" de los demás Resident Evil y del que carecía la primera entrega), Standard (es exactamente igual que el juego original) y Advanced (aún más difícil que el original, con más monstruos, nuevos ángulos de cámara en ciertas habitaciones y varios objetos clave cambiados de sitio). En otras palabras, con la versión Director's Cut puedes escoger si jugar al original o decantarte por una de las dos nuevas propuestas (fácil y difícil).

  • Uri_crac

  • Tatsumaki

  • vida restante: 100%
  • Registrado: 14 ene 2006
  • Mensajes: 6.102
#13

Escrito 09 julio 2012 - 16:04

A día de hoy sólo me he pasado el RE2, y tengo el RE3 en la estantería sin probarlo siquiera. ¿Creéis que valdría la pena tratar de meter en la PSP el RE1 original, o voy directo al RE:DC?


A ver si al final me haréis acabar jugando de nuevo al original a mi también xD

¿Y el primer RE en versión DC no estaba en la store? Siempre tienes la opción de hacerte con ese y jugarlo en PSP :D

Por cierto, ahora que lo comentáis. Lo de los niveles de dificultad en el DC, ¿No había manera de demostrar que lo habías completado en difícil verdad?

Es que he ido a mirar justamente la imagen que yo puse en la primera página del post de trofeos en su momento y realmente ni siquiera recuerdo en que nivel de dificultad lo jugué (aunque creo que en el normal).

#14

Escrito 10 julio 2012 - 12:20

A ver si al final me haréis acabar jugando de nuevo al original a mi también xD


Siempre estarás invitado a hacerlo :-) Y tampoco sería nada malo :-P

Por cierto, ahora que lo comentáis. Lo de los niveles de dificultad en el DC, ¿No había manera de demostrar que lo habías completado en difícil verdad?

Es que he ido a mirar justamente la imagen que yo puse en la primera página del post de trofeos en su momento y realmente ni siquiera recuerdo en que nivel de dificultad lo jugué (aunque creo que en el normal).


Lo único que creo que te permite demostrar que te has pasado el juego en modo "Advanced" es que obtienes el revólver Colt Python con munición infinita 8)~ 8)~ 8)~ Aunque creo que únicamente si consigues el mejor final. Como estoy jugando en ese modo y mi intención es lograr rescatar a todos mis compañeros, os lo confirmaré en unos días.

Por cierto, aprovecho mi intervención para anunciar que la siguiente entrega de mis avances está a punto de ser publicada. Para poder leerla, tan solo debéis esperar trece minutitos de nada. ;)

#15

Escrito 10 julio 2012 - 12:33

Resident Evil: Capítulo 3

Richard había muerto. Jill lo había intentado todo, pero no había podido evitar el fatal desenlace, así que decidió continuar adelante y explorar las estancias al otro lado de la puerta que tenía justo enfrente. De nuevo aparecieron dos criaturas hambrientas de carne humana, que extendieron sus brazos hacia ella en cuanto advirtieron su presencia. Jill no lo dudó y abrió fuego, pero enseguida se topó con una desagradable sorpresa: tras uno de los disparos, el estómago de uno de los monstruos pareció desgarrarse para súbitamente arrojar contra ella un chorro de ácido. Afortunadamente pudo esquivarlo a tiempo y dejar que impactase contra la pared, que en pocos segundos quedó medio derretida, corroída por el ácido. Unas pocas gotas habían saltado al uniforme de Jill y los sitios donde cayeron rápidamente perdieron la coloración azul. Confundida por aquel ataque, el zombi aprovechó para abalanzarse sobre Jill e intentar morderla, pero ella reaccionó rápidamente y, tras forcejear durante unos segundos, logró deshacerse del zombi que cayó de espaldas contra el suelo. Antes de que el horrible monstruo tuviera tiempo de reaccionar, Jill le propinó una potente patada en la cabeza, decapitándole. El peligro había pasado... al menos por el momento.

Sin más criaturas por medio, era momento de explorar las nuevas estancias. La puerta que tenía enfrente no pudo abrirla, pero tomó nota del dibujo que tenía grabado en la cerradura: un escudo. La otra estancia estaba demasiado oscura, por lo que Jill hizo uso del mechero que había encontrado para iluminarla. Gracias a esto, pudo encontrar municiones para su escopeta y el lanzagranadas. Ya no había más habitaciones que investigar por allí, por lo que decidió regresar a la zona de la sala del botiquín y terminar de explorarla. Regresó al vestíbulo y atravesó la sala de la barandilla sobre el comedor. Sin embargo, en el siguiente pasillo, antes de bajar las escaleras que conducían a dicha zona, tuvo tiempo para comprobar dos puertas más que antes no había tenido tiempo de examinar. Desgraciadamente, ambas estaban cerradas: una de ellas tenía un casco grabado en su cerradura y la otra tenía un panel numérico para introducir un código. Comprendió que por el momento no podía abrir ninguna de las dos puertas, por lo que bajó las escaleras y continuó con su exploración.

De nuevo se encontraba en el pasillo entarimado junto a la habitación del botiquín, pero en esta ocasión debía continuar recorriéndolo para proseguir con su exploración. Jill avanzaba muy despacio, había algo que le inquietaba. La luz de la luna entraba por las ventanas, mientras el silencio nocturno solo era roto por el lejano ruido de los grillos al otro lado del cristal. Cuando dobló la esquina se encontró con dos puertas, una al fondo y otra en la pared de su derecha, a pocos metros de donde se encontraba. Se decidió a abrir esta última puerta, pero súbitamente un perro atravesó una de las ventanas que daban al exterior y se preparó para atacar a Jill. Al momento, otro perro aprovechó la ventana rota por su compañero para acceder al interior de la mansión y acechar también a la joven del Equipo Alpha. Cuando ambas bestias se lanzaron contra ella, Jill apuntó con la escopeta y no dudó en apretar el gatillo. Un tremendo disparo resonó en el pasillo y en ese mismo instante, la cabeza de uno de los perros quedaba completamente reventada, mientras que el otro perdía una de sus patas delanteras entre aullidos de dolor. No obstante, el monstruo no estaba dispuesto a rendirse y de nuevo se lanzó a por Jill, que se vio obligada a disparar por segunda vez. Esperó a tener al animal casi encima para que la potencia de fuego acabase con él... y así fue. El suelo y las paredes quedaron llenos de la sangre y pedazos de carne del perro, cuyo cuerpo había quedado partido por la mitad tras el brutal disparo.

Una vez recargada la escopeta, Jill se adentró en la habitación de su derecha. En su interior había una pequeña mesa con un cajón donde encontró unos cartuchos para su escopeta, aparte de un aparador donde encontró un cargador para su pistola y una caja de zapatos enmohecida que llamó su atención. Al abrirla, su corazón le dio un vuelco: ¡¡ante sus ojos tenía un auténtico revólver Colt Python de calibre mágnum!! Por un momento se acordó de Barry, que era un gran aficionado a las armas de fuego y siempre iba acompañado de su Broken Butterfly, otro revólver de calibre mágnum similar al que tenía ante sus ojos, del que hablaba maravillas acerca de su precisión y potencia de fuego. Así pues, Jill no lo dudó ni un instante y se guardó el arma, que podría causar estragos en cualquier criatura contra la que abriese fuego.

De regreso al pasillo entarimado, cruzó la puerta del fondo y llegó a un nuevo pasillo con las paredes tapizadas de un color verde aguamarina y que se bifurcaba en dos direcciones. Sin embargo, ante sí tenía dos de aquellos zombis y un tercero se acercaba lentamente. Jill quiso probar la efectividad de su nuevo revólver y se colocó de tal forma que, aunque se acercaban lentamente hacia ella, las cabezas de los zombis quedaban alineadas. Entonces apuntó y apretó el gatillo. El resultado demostró la potencia de fuego de su mágnum, ya que la bala atravesó los cráneos de los tres monstruos, uno detrás de otro, haciéndolos estallar en mil pedazos. Los cuerpos putrefactos de esos horribles seres se desplomaron completamente decapitados. Jill miraba su revólver con incredulidad: "¡Un solo proyectil ha destrozado a tres de esas criaturas! Será mejor conservar el resto de balas para cuando me encuentre en serios apuros."

En la bifurcación decidió tomar el camino que tenía frente a ella y acabó, tras doblar la esquina, ante una puerta que abrió con cuidado. Sin embargo, en la nueva habitación no había ningún monstruo, lo que rebajó su tensión. Era una estancia dotada de una bonita decoración y una hermosa fuente en la parte central. Al fondo de la sala, Jill divisó otro de los medallones hexagonales y corrió instintivamente a cogerlo cuando de repente sintió un latigazo en sus piernas y cayó al suelo. ¡Algo le había agarrado del tobillo y tiraba de ella con fuerza! Jill se giró como pudo y contempló horrorizada cómo unos enormes tallos habían emergido del agua de la fuente, moviéndose como si fuesen tentáculos. Rápidamente sacó su cuchillo de combate y cortó el tallo que le sujetaba el tobillo, para después retroceder fuera del alcance de aquella monstruosidad vegetal que se agitaba con violencia, buscando su presa.

Jill quedó pensativa. Era consciente de que las armas de fuego no le servirían de nada para acabar con esa planta, pero necesitaba llegar al otro lado de la habitación para recoger el medallón hexagonal. "Tiene que haber algo que pueda hacer", pensó mientras dirigía la mirada a todos los rincones de la sala en busca de algo de utilidad. Entonces se fijó en una pequeña máquina conectada a la fuente. Sin duda alguna era el motor que mantenía activo el circuito de agua. "¡Espera un momento! –exclamó. – ¡El herbicida!" En ese momento se acordó del paquete de herbicida que había encontrado en el pequeño patio de la casa. Rápidamente lo sacó, lo abrió y vació su contenido en la máquina, que enseguida bombeó el agua hasta la fuente. La reacción de la planta no se hizo esperar y sus tallos se retorcieron agónicamente durante varios interminables segundos hasta quedar completamente inmóviles. Sin duda alguna, la idea había funcionado: el herbicida había aniquilado al engendro vegetal. Con el camino libre, Jill cogió el medallón y salió de la habitación.

Continuando con la exploración hacia el otro extremo del pasillo, llegó a un punto donde tuvo que elegir entre una puerta a su derecha y otra a su izquierda, esta última al fondo de un pequeño recodo del pasillo. Optó por examinar primero esta última habitación, pero únicamente encontró una escultura de un tigre con una inscripción: "Algunos tigres tienen un ojo rojo y otro azul." Sin duda alguna se trataba de otro de esos acertijos que llenaban la casa, pero no sabiendo qué hacer exactamente decidió volver sobre sus pasos y probar suerte con la otra puerta, que daba a una habitación perfectamente amueblada. A pesar de la tenue luz, Jill no tuvo problemas en divisar un cargador para su pistola y un diario sobre el escritorio. Cuando se disponía a leerlo, escuchó a sus espaldas el crujir de una puerta al girar sobre sus goznes. Apenas tuvo tiempo de girarse cuando... ¡¡un zombi oculto en el interior del armario se abalanzó sobre ella con gran fiereza!! Gracias a sus rápidos reflejos, Jill pudo esquivar al monstruo que cayó sobre el escritorio, tirando al suelo la lámpara y el diario. Sin embargo, enseguida se irguió de nuevo para arremeter una vez más contra Jill, que lo impidió disparando sin piedad y a quemarropa. El zombi cayó de espaldas desnucándose y quedando totalmente inerte. "Uff... Eso ha estado cerca", dijo suspirando de alivio. En cuanto se hubo serenado, recogió del suelo el diario que antes había captado su atención y se dispuso a leerlo con la esperanza de encontrar respuestas a lo que había ocurrido en aquella mansión:

9 de Mayo de 1998
Por la noche estuve jugando al póker con Scott el guarda, Alias y Steve, uno de los investigadores. Steve tuvo mucha suerte, aunque para ser sinceros creo que hizo trampas. Qué canalla...

10 de Mayo de 1998
Hoy uno de los investigadores de más alto rango me pidió que estuviese al cuidado de un nuevo monstruo. Es parecido a un gorila, aunque sin piel. Me dijo que lo alimentara con animales vivos. Cuando le arrojé un cerdo, estuvo jugando un rato con él... arrancándole las patas y sacándole las tripas antes de decidirse finalmente a comérselo.

11 de Mayo de 1998
Alrededor de las cinco de la mañana Scott vino y me despertó repentinamente. Llevaba puesto uno de esos trajes protectores que casi parecen un traje de astronauta. Me dijo que me pusiese uno igual. Escuché que había habido un accidente en el laboratorio subterráneo. No me sorprende... Esos científicos nunca descansan, ni siquiera por la noche.

12 de Mayo de 1998
Llevo con este molesto traje espacial desde ayer. Mi piel se reseca y me pica cada vez más. A modo de venganza, hoy no alimenté a esos perros. Ahora me siento mejor.

13 de Mayo de 1998
Me dirigí a la enfermería porque mi espalda está toda hinchada y me pica mucho. El doctor me puso un gran vendaje y me dijo que ya no necesitaba llevar ese traje espacial. Supongo que al fin esta noche podré dormir bien.

14 de Mayo de 1998
Cuando me desperté esta mañana me di cuenta de que tenía otra ampolla en la planta del pie. Era muy molesto y tuve que arrastrarlo cuando fui a alimentar a los perros. Habían estado muy callados toda la mañana, lo cual no era normal. Acabé dándome cuenta de que algunos de ellos habían escapado. Si alguno de los jefes se entera, tendré serios problemas.

15 de Mayo de 1998
Aunque no me sentía bien, decidí ir a ver a Nancy. Era mi primer día libre después de mucho tiempo, pero el guardia de la puerta me impidió salir. Dijo que la compañía ha ordenado que no se permita a nadie abandonar el recinto. Tampoco me dejaron usar el teléfono. ¿Qué tipo de broma es esta?

16 de Mayo de 1998
Escuché que anoche uno de los investigadores que trataba de huir de la mansión fue tiroteado. Todo mi cuerpo me ardía y picaba por la noche. Cuando fui a rascarme el brazo, se me desprendió un trozo de carne podrida. ¿Qué demonios me está ocurriendo?

19 de Mayo de 1998
La fiebre se fue pero pica. Tenía hambre y comí comida de perro. Pica, pica. Scott vino. Su cara no gustó. Lo maté. Sabroso.

4
Pica. Sabroso.

¡¡Increíble!! ¡Era un relato aterrador! En él se narraba paso a paso el proceso por el que una persona normal había acabado convirtiéndose en uno de esos horribles muertos vivientes. No había duda ya de que esos seres eran víctimas de algún tipo de agente infeccioso que habían estado manipulando en aquella mansión y que los seres que deambulaban por ella eran los antiguos trabajadores. ¡¡Era algo espantoso!! Jill decidió llevar consigo aquel documento para poder sacarlo a la luz si conseguía salir de allí con vida.

Al regresar al pasillo, optó por abrir la puerta del fondo, que era la única que le quedaba por comprobar. Se encontraba de nuevo en el largo corredor donde encontró al primer zombi y el cadáver de Kenneth. Recordó el pasadizo de la sala del piano que tenía justo al lado. Ahora que tenía un emblema de madera exactamente igual al dorado que lucía en la escultura, pensó que tal vez pudiese dar el cambiazo y llevarse el emblema de oro sin quedar atrapada. Así lo hizo y todo salió como lo había pensado. Ahora poseía un emblema de oro que probablemente fuese clave en otro de los enigmas de la casa. Justo entonces recordó que en el comedor había quedado otro de los medallones hexagonales, el que se había desprendido de la estatua que había tirado desde la planta superior. Jill corrió para allá y lo recogió. Solo le quedaba la mitad de uno para tener los cuatro medallones. Pensando en cuál debía ser su siguiente objetivo, se dio cuenta de que encima de la chimenea que presidía el comedor había un pequeño escudo heráldico que tenía un agujero con la forma del emblema de oro. Jill se acercó y lo colocó allí. Al momento, el reloj de pared dio varias campanadas y se desplazó suavemente dejando al descubierto un pequeño nicho en cuyo interior había una hermosa joya de color azul. "¡Es preciosa! – exclamó Jill. – Pero me preguntó para qué servirá." Apenas hubo terminado de pronunciar esa frase cuando le vino a la mente la escultura del tigre y su inscripción: "Algunos tigres tienen un ojo rojo y otro azul." ¿Y si aquella joya pudiera incrustarse en el ojo del tigre?

Aprovechando que la estancia del felino no se encontraba muy lejos, Jill decidió ir a probar suerte. En cuanto vio que efectivamente había un hueco para colocar algo en los ojos del tigre, supo que una vez más su intuición no le había fallado. Nada más incrustar la joya en la escultura, ésta se movió girando noventa grados sobre sí misma hasta dejar al descubierto un pequeño nicho que albergaba una llave con un escudo grabado en uno de sus extremos. "¿Dónde estaba la cerradura del escudo? – se preguntó a sí misma mientras trataba de recordar. – ¡Claro! ¡La puerta al otro lado de donde murió Richard!" Apenas hubo terminado de decirlo, salió corriendo hacia el vestíbulo para subir a la segunda planta y desde allí llegar a la puerta con el escudo grabado en su cerradura. Había machas de sangre en el suelo y la pared. Tomó aire y se armó de valor antes de introducir la llave y abrir la puerta. Había algo que le inquietaba, que le daba mala espina, pero no sabía explicar muy bien el qué era.

Continuará...

Imagen Enviada




Este tema ha sido archivado. Esto significa que no puedes responder en este tema.
publicidad