God of War (PS2)

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Las bestias de God of War

PS2, PS2, PS3, PS3, PSP, PSP Reportaje

Κτήνος
La mitología griega. Por más siglos que pasen, es imposible borrar su enorme capacidad evocadora de bestias colosales, luchas de poder divino y dioses jugando con sus creaciones humanas para divertirse un poco. Cintas como Jason y los Argonautas, Simbad o Furia de Titanes (la original para los más veteranos, las actuales para la nueva generación gamer junto con Immortals y demás) contribuyeron a dar vida a arpías, gorgonas, cíclopes y medusas en el imaginario colectivo. Algo a lo que el sector de los videojuegos contribuyó inmortalizando a estos y demás enemigos en títulos como Altered Beast o Rygar. Pero, sin duda, el juego que más vivo ha mantenido ese fuego griego virtual, ese espíritu de bestias surgidas del hogar de Hades o de las profundidades del Tártaro, ha sido God of War. La saga de Sony Santa Monica retomó mitos, historias, personajes, leyendas y narraciones de la Grecia y Esparta clásicas, refundiéndolos, rehaciéndolos, dándoles la vuelta y adaptándolos al propio universo del guerrero espartano Kratos y su épica y a la vez torturada cruzada en pos de la venganza más primigenia.

Como en todo buen juego de acción que se precie, el apartado de enemigos que hemos combatido desde God of War: El Fantasma de Esparta hasta God of War III ha sido rico y variado. Variado no solo en aspecto y mero cambio de color entre las oleadas de antagonistas, sino en patrones de comportamiento, formas de combatirlo y dificultad. Junto a Kratos hemos reventado desde dentro al mismísimo Coloso de Rodas; arrancado las entrañas de la Hidra; o cercenado la serpentesca cabeza de la Medusa. Hemos vencido al León del Pireo, limpiado los cielos de demonios impíos a lomos de Pegaso, y vencido a un dios de la guerra para el que adjetivo 'colosal' se queda corto. Pero, si creíais que al bestiaro de la saga exclusiva de Sony se le habían agotado un poco las ideas, podréis comprobar que no observando algunas de las criaturas que combatiremos en Ascensión, la nueva aventura en la que regresaremos al germen, al nacimiento mismo de la locura sanguinaria que se ha traducido en siete títulos -dos para PlayStation 2, dos para PSP, dos para PS3, uno para móviles- en que no han faltado enemigos a la altura (literalmente) del, a pesar de su relativa juventud, icónico protagonista. Y es que, como reza ese famoso proverbio erróneamente atribuido a Euripides: "Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco".

(Nota: Debido a que se habla sobre enemigos y hasta Jefes Finales en contadas ocasiones, es posible que el reportaje contenga spoliers de las entregas lanzadas hasta el momento)

kratos.jpg Captura de pantalla

Hidra
Un mar Egeo en plena furia tormentosa fue el lugar donde por primera vez manejamos a Kratos. Y nuestro primer combate importante y primera secuencia Quicktime Event fue con esa Hidra que se colaba en la bodega del barco en el que estábamos. La brutalidad del juego se puso de manifiesto desde su mismísimo inicio, viendo cómo nuestras espadas doblegaban a semejante criatura. Pero este no era el final de la insistente bestia, ya que el rey Hidra también nos aguardaba para darnos muerte con sus múltiples cabezas en forma de primer Final Boss. La violentísima ejecución -dos palabras, violentísima y ejecución, imprescindibles para el vocabulario visual de la saga- se coronaba no solo empalando en mástiles las mandíbulas del pobre animal, sino que el capitán que nos llamaba desde las fauces de la bestia comprobó quién era de verdad -al igual que nosotros- el espartano que controlábamos cuando este, en vez de salvarle, se limita a quitarle la llave y dejarlo a su suerte. Mas no fue esta la única vez que el mar y Poseidón nos escupieron sus peores engendros. En God of War II, solamente hace falta visionar la cabeza y tentáculos del gigantesco Kraken -dando un salto mitológico hasta Escandinavia, Finlandia y las leyendas del Norte de Europa- para que más de un usuario agarrara con fuerza el Dualshock 2 ante lo que se le venía encima. Gracias a las alas de Ícaro (y a un cadáver), semejante criatura pasa de ser un Final Boss temible a servirnos de puente tras ser empalado por la boca y la garganta por un puente extensible que nosotros mismos activamos.

En el Fantasma de Esparta, la aterradora Escila se convirtió en uno de los enemigos más recordados de PSP. Invocada por Poseidón para guardar la entrada de la Atlántida, y debiendo hacer frente además a sus crías, los arácnidos y numerosos Frutos de Escila, el engendro marino se defendía con tentáculos con garfios y dedos al estilo de pinzas además de dos brazos, y una cabeza de seis ojos que recuerda a las Quimeras de Resistance. Tras usarla para llegar al Volcán de Metana cuando ella misma nos arrojó al agua, la Escila encuentra su final con el tornillo de Arquímedes enroscado en su cabeza. Pero si hay una criatura marina cuyo combate alcanza un tono de épica, esa es contra el Hipocampo de Poseidón en GoW III, en el que la gargantuesca mano de Gaia es el escenario de la lucha, llegando a cotas en la que esta dobla la mano de dolor, ocasionando que tengamos que combatir colgando de esta. Poseidón busca venganza, desafiándonos montado en un enorme hipocampo de seis cabezas que no le vale de nada, pues acabaremos arrancándolo de su armadura marina, reventándole los ojos y rompiéndole el cuello. La brutal ejecución contrasta con su cadaver cayendo al mar, y un tsunami que hace elevar el nivel de los océanos. Una muerte y un eco posterior a la altura de un Dios del Olimpo.

god_1.jpg Captura de pantalla

Minotauro
Cuerpo de hombre. Cabeza de toro. El 'Toro de Minos' encontró su final en la mitología a cargo del héroe Teseo, que se adentró en el laberinto que servía de prisión al engendro. Pero virtualmente, fue un espartano el que le arrancó los cuernos -de forma gráfica además y sin ahorrase hemoglobina- a este y centenares de congéneres más en todos los juegos de la saga. Hasta cinco tipos distintos del toro de Minos aparecen en el primer GoW: desde minotauros soldado y otra versión de estos equipada con un enorme martillo, hasta los minotauros guerrero y torturados, a los que conocemos por vez primera en el Templo de Pandora. El Inframundo de la parte final nos reserva a los llameantes Minotauros del Hades. Pero antes teníamos que derrotar al Guardián de Pandora, minotauro de armadura completa que se convertía en uno de los Final Bosses más resistentes y difíciles de todo el juego. En las entregas posteriores, algunos de estos enemigos comunes regresaron junto a nuevos tipos, como los minotauros de Élite de GoW III o los Titán de GoW II, siendo común el derrotarlos clavándoles las hojas de Atenea en el cielo de la boca o empalándolos por el cuello.

Cíclope
Gigantes de un solo ojo -que tampoco les duraba mucho en la cuenca una vez Kratos se interponía en su camino-, la raza de los hijos de Gaia y Urano se ha labrado un hueco propio en el bestiario particular de la serie, sobre todo por la violencia de sus golpes y la crudeza de su muerte. Desde los cíclopes Salvajes y los Dementes, estos últimos que podíamos controlar además en GoW III subiéndonos a su espalda, hasta los cíclopes ejecutores y su pesada bola de pinchos con cadena, los seres de un solo ojo han aparecido en forma de enemigos Blindados con armadura, adaptados a medios tan hostiles como el desierto, o incluso en forma de cadáver -dolorosa su entrada en escena, rasgando una herida abierta en el hombro del titán Cronos. Si en algo han coincidido, siempre ha sido en forma sangrienta de morir: con espadas clavadas en su ojo, o directamente con este arrancado de cuajo. En Ascensión, el más famoso de todos los cíclopes aparecerá en el novedoso modo multijugador: Polifemo, hijo de Poseidón.

god_of_war_3_1600x1200.jpg Captura de pantalla

En el mapa multiplayer del desierto de God of War: Ascensión, Polifemo, sujeto dolorosamente con cadenas que atraviesan no solo la piel, sino directamente los huesos de su brazos, será a la vez el premio para cada grupo de guerreros y su principal rival. Porque no solamente tendremos que preocuparnos por derrotar a nuestros enemigos humanos a ras de suelo en el mapa, sino que además Polifemo siempre buscará la forma de que lleguemos al Tártaro por la vía más rápida posible aplastándonos con sus enormes manos. Pero la lucha no terminará una vez que hayamos derrotado al otro bando, sino que ahora tendremos que pasar cadenas sobre la cabeza del cíclope para atarlo en firme, aguardando que los Dioses nos cedan la lanza del Olimpo, la única arma capaz de aniquilarlo, para que uno de nosotros tenga el honor de atravesarlo con ella y arrancarle el ojo, ganando así la contienda.

Ares, Dios de la Guerra
Absolutamente lo opuesto a su hermanastra Atenea, que prefería la razón y la sabiduría para comandar una guerra, y no la fuerza bruta, la amenaza y el terror como él mismo ansiaba, Ares decidió invadir Atenas para mostrar a los dioses del Olimpo su fuerza. Y estos delegaron en Kratos la misión de matar nada menos que a un dios, el Dios de la Guerra, algo solo posible con la Caja de Pandora, oculta en su propio Templo. Lo que sigue a esto es, sencillamente, uno de los tramos finales más intensos de la pasada generación, con asesinatos, revelaciones y un cara a cara final entre un Kratos -que se suponía fallecido- que enfrentaba al gigantesco dios de la guerra contra el  gigantesco espartano, en un mano a mano de colosos, literalmente. El final del duelo refleja a un Kratos a punto de alcanzar la divinidad mientras sujeta la espada en alto para rematar a Ares. Después de que este le cuente el verdadero motivo de su venganza, aquello que lo corroe y lo tortura por dentro, Kratos termina ejemplificando al guerrero perfecto, a la maquina que el mismo Ares creó, matando a su dios, a su divinidad, sin remordimiento alguno. El Dios de la Guerra ha muerto. ¡Larga vida al nuevo Dios de la Guerra!

19799-27-god-of-war.jpg Captura de pantalla

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