Sega Mega Drive Classics (PS4)

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Imagen de Sega Mega Drive Classics (PS4)

Sega Mega Drive Classics: Análisis

PS4

Nota Meri 7,5 Bueno

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En el reino de los videojuegos retro, vive un debate que nunca quedará zanjado. Basta con preguntar…”¿Y tú, cual prefieres: Super Nintendo o Mega Drive?”, y lo que sea que venga después será apasionado y durará muchas horas, aquí y en cualquier parte. Quienes la vivieron tienen muy claro que se trató de una de las etapas más bellas para disfrutar de esto de los videojuegos, y fruto de esa admiración surgen cada poco tiempo los recopilatorios y consolas miniaturizadas con los grandes nombres de aquellos años. De paso, estas nuevas oportunidades sirven para visibilizar a los ilustres segundones, a quienes posiblemente ahora valoramos con más justicia, y de hecho Sega nos propone un buen número de ellos en esta ocasión.

 

Sega Mega Drive Classics viene a rellenar un hueco que comenzaba a ser incomprensible por parte de Sega. Si tenemos en cuenta lo bien que ha sido capaz de honrar a su mascota azul  hace pocos meses (en estilo retro, además), resultaba un poco paradójico que aún no hubiese cedido a la tentación de vendernos su descomunal fondo de armario en las consolas del momento. Sobre todo, cuando tal cosa viene siendo costumbre desde hace varias generaciones, concretamente desde una Playstation 2 en la que explotaron de manera definitiva todos estos recopilatorios. No hace falta irse tan lejos, de todos modos, sino más bien recordar las últimas intentonas de Sega en Playstation 3 y Steam, ya que precisamente de ellas proviene casi todo lo que ahora recibimos, con un catálogo de juegos que viene a ser casi idéntico al de Playstation 3, y un interfaz muy funcional y entretenido de manejar, pero que no es más que el mismo que ya vimos hace unos años en las colecciones para Steam.

 

Una Mega Drive en el dormitorio

 

Por suerte, no es esta una mala noticia en cuanto a presentación, ya que todo funciona sin problemas y nos deja disfrutar de la lección de historia con la Mega Drive como materia de estudio. No es momento de evocar muchas batallitas, pero conviene recordar que esta consola se anticipó al lanzamiento de su rival y tuvo un éxito mucho más que considerable en Europa y Estados Unidos, donde llegó a vencer batallas  importantes, como bien nos cuenta Blake J. Harris en su libro. De este modo, la habitación tipo del cliente de Sega durante los años noventa que se nos presenta como menú de opciones tiene una televisión de tubo, una consola debajo y una colección de más de cincuenta cartuchos que habrían sido la envidia de prácticamente cualquier jugador del momento.

 sega_mega_drive_classics_20180527181008.jpg Captura de pantalla

            El principal problema que han tenido estos recopilatorios desde que empezaron a proliferar como setas ha sido su compleja relación con el tema de la fidelidad a lo que veíamos y escuchábamos, al recuerdo fiel de una época que empieza a estar muy atrás. Ni es un asunto secundario, ni tiene soluciones absolutas. Una recopilación de grandes éxitos tiene que seducir a aquellos que aún tienen una Sega Mega Drive en activo, a quienes debe ofrecer una experiencia que mejore de forma tangible lo que pueden conseguir pulsando el botón de la vetusta consola (si es que aún tienen un televisor de tubo, el medio natural de estos videojuegos). Por otro lado, también se topan los recopilatorios con la dificultad de proponer a los jugadores más jóvenes una forma de aproximarse al pasado del medio que abra las puertas a otros paladares no tan puristas, al tiempo que se adapta a las condiciones totalmente diferentes de los gigantescos televisores actuales. Estamos de enhorabuena con todos estos problemas, ya que en los últimos meses están quedando atrás los disgustos en esta materia, y esta colección se apunta un muy buen tanto en cuanto a lo de satisfacer por igual a quienes quieran revivir sensaciones con la mayor exactitud y a los que buscan más bien conocer cómo eran los videojuegos de esta época sin preocuparse de mucho más.

 

Emulación sin tapujos

 

Sega Mega Drive Classics se quita por fin la careta. Sabemos desde siempre que tras estos recopilatorios hay emuladores, desarrollados o licenciados por las propias compañías. El problema, a grandes trazos, ha sido que no siempre esta emulación encubierta se encontraba lo suficientemente avanzada como para dejarnos satisfechos…cuando no insultaba directamente a los veteranos con opciones de visualización descerebradas que lucían horrorosas en las nuevas pantallas. La potencia de los sistemas actuales hace que emular una Mega Drive resulte algo trivial, pero la mejor noticia esta vez son los controles del emulador (al que el juego por fin llama por su nombre), que permiten al jugador tomar las riendas. Riendas que se perciben en un control sobre los juegos que añade sin dramatismos algunas características de hoy, como la de rebobinar o guardar en tiempo real.

 sega_mega_drive_classics_20180527182736.jpg Captura de pantalla

Prácticamente todas las emulaciones comerciales y no pocos videojuegos actuales incorporan opciones para simular los viejos televisores, con Sonic Mania en lo alto del escalafón por ahora en esta materia. Como bien saben los asiduos a los descargables retro, no es el de los filtros un fenómeno reciente… pero precisamente ellos saben también hasta qué punto muchos recopilatorios han destrozado la imagen que pretendían homenajear. Una muy buena noticia que nos trae esta colección la encontramos en lo bien que hace las cosas en este frente tan espinoso, dejando también aquí libertad de elección al jugador sobre lo que utiliza o no. Respeta de entrada la relación de aspecto original, pero permite la posibilidad del modo panorámico a quienes deseen destrozar la imagen estirándola. Incorpora también un filtrado bilinear y otros modos de difuminar la imagen, pero lo hace como es debido: posibilitando la opción de desactivarlos si, como recomendamos, preferimos utilizar el modo que imita las viejas televisiones de tubo, (incluyendo su curvatura si esta opción nos gusta). El resultado empieza a ser algo definitivo, ya que no deja desatendida ninguna de las posibles sensibilidades: puede visualizarse como un enorme televisor de tubo con sus llamativas scanlines y sin difuminado alguno, o suavizar la imagen con métodos más actuales, ambas cosas con un muy buen nivel de calidad. Ha costado años, pero parece que al fin llegamos a la meta.

 

Selección con claroscuros

 

El catálogo de Mega Drive puede analizarse por capas según el interés que cada cual tenga en la consola. Clásicos indiscutibles del medio, como el primer Sonic, conviven en una ludoteca de increíble profundidad con grandes desconocidos como Sub-Terrania. En este recopilatorio hay videojuegos por los que el tiempo simplemente no pasa, incluyendo exclusivos de otras compañías como la Treasure de Gunstar Heroes o Alien Soldier, dos grandes mitos del Run and Gun. El problema es que para lo bien que se ha tratado la emulación, el conjunto nos deja la sensación de que Sega ha preferido ir a lo fácil en cuanto a los juegos incluidos, descartando por completo la idea de negociar los derechos de muchos exclusivos de la consola que habrían culminado la selección. Una verdadera lástima, ya que se echan en falta juegos que habrían sentado de maravilla a esta recopilación ahora que, por fin, acompañan tanto emulación como interfaz. Por supuesto, decimos esto dando por descontado que los añadidos de esta consola, Mega-CD y 32X, siguen siendo ignorados sistemáticamente.

 sega_mega_drive_classics_20180527183159.jpg Captura de pantalla

Es complicado leer las intenciones de un recopilatorio, pero Sega parece querer reivindicar aquí lo que pasó con Mega Drive después de que Donkey Kong Country asestase el golpe definitivo a una generación a la que, en cualquier caso, faltaba ya bien poco. Juegos de la Mega Drive crepuscular como Comix Zone, Vectorman o The Story of Thor (traducido esta vez, por cierto) nos recuerdan que la máquina de Sega aún tenía mucho que decir en aquellos últimos años de la generación, y se juegan con mucho agrado hoy día. Lo mismo puede decirse de un par de plataformas soberbios, mucho menos conocidos que los juegos del erizo azul: Dynamite Headdy, otra gran obra de una Treasure en estado puro o, claro está, el sensacional Ristar, un sobresaliente plataformas que vio la luz en el momento equivocado. Junto a estos últimos, el catálogo de más de cincuenta títulos incluye clásicos indiscutibles que lucen de maravilla y a los que el tiempo otorga el sobresaliente a nivel jugable. Así sucede con Streets of Rage 2, que aún hoy  se comporta como uno de los mejores de su género, o con el tremendo Shinobi 3, una auténtica culminación de la saga de ninjas que tampoco salió en el momento adecuado para un videojuego de su calidad.

 

Hay juegos para pasarlo en grande en este disco pero, aun así, el problema de todo recopilatorio son sus omisiones que cada cual denuncia según sus preferencias. Es imposible contentar a todos, pero hay huecos muy llamativos en el catálogo que duelen especialmente. Tratándose , por ejemplo, de un sistema con shoot em up tan monstruosos como Thunder Force IV o Truxton, es impresentable la poca atención prestada a este género. Por otro lado, la idea de un recopilatorio de Sega que no cuenta con Out Run en sus filas resulta casi ofensiva, por más que estén otros clásicos de casi igual calado en el catálogo de la compañía, como puede ser Golden Axe. Aquí reside, pensamos, el gran problema de este volumen recopilatorio: su selección contiene videojuegos sensacionales ayer y hoy, que justifican por sí solos casi cualquier compra, pero Sega debería haber tenido el tacto de negociar la inclusión de muchos ausentes, como esos juegos de Konami cuya incomparecencia llama demasiado la atención (Contra: Hard Corps, Castlevania: Bloodlines). Es muy sintomático que se nos presenten las dos primeras entregas de Sonic, dejándose atrás la tercera por una cuestión de derechos sobre su música. Denota este hecho pocas ganas de redondear un producto que, con un poco más, podría haber sido el recopilatorio definitivo del sistema; su catálogo, a nuestro modo de ver, se ha completado con algunos rellenos evidentes. Ya sea por el paso del tiempo o porque tampoco fueron grandiosos en su día, la cuestión es que pocos querrán jugar a Decap Attack o Toe Jam and Earl, pero serán muchos los que echen en falta auténticas glorias de la Mega Drive, incluyendo la punta de lanza tecnológica que fue Virtua Racing. Y es que cincuenta juegos parecen muchos, pero no lo son para una de las dos reinas de la generación 16-Bit. 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusión

Sega Mega Drive Classics cumple a la perfección en cuanto a traernos de vuelta muchos grandes mitos del medio a un precio razonable. También presentando unas opciones de visualización a la altura. Solamente las ausencias incomprensibles y el aparente miedo a negociar derechos de juegos de otras compañías lo alejan de convertirse en el recopilatorio definitivo. También lo hace la falta de aliciente en cuanto a bocetos y material acerca de los propios juegos, que los añadidos en forma de desafíos o modo espejo no logran mitigar en modo alguno. Aun así, quienes quieran diversión con videojuegos por los que el tiempo no pasa tienen aquí una buena dosis que además luce muy bien, y no debería ser noticia, en las pantallas actuales. Habrá quien diga que Sega lleva años vendiendo lo mismo, pero hay casos en los que tal cosa está justificada por puro valor histórico.

Lo Mejor

  • Más de 50 juegos por un precio razonable en formato físico
  • Cubre muy bien los últimos tiempos de Mega Drive: Comix Zone, Alien Soldier. También los RPG del sistema
  • Por fin: unas scanlines a a la altura.
  • Algunas joyas atemporales: Sonic, Streets of Rage 2...

Lo Peor

  • Las ausencias se notan demasiado: Konami, Ecco The Dolphin, Eternal Champions, Sub-Terrania, Soleil...
  • Otra vez se ignoran los periféricos del sistema, Mega CD y 32X
  • Falta material de apoyo que sienta muy bien a estos recopilatorios
7,5
Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.

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