Wartile (PC)

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Wartile, análisis

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Nota Meri 7 Bueno

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Es casi un año exacto el que Wartile se ha mantenido en estado Early Access, un formato que el usuario mira cada vez con más recelo debido a proyectos bastante más grandes que este, como es el caso de DayZ, por ejemplo. Sin embargo, la propuesta de Playwood Project ha sido totalmente honesta en este sentido, hasta llegar a moldear un juego de mesa de estrategia que se controla con teclado y ratón, porque eso es precísamente lo que ha conseguido este modesto estudio: recoger la esencia de los tableros y trasladarla con un acierto notable a nuestros monitores. Los vikingos y la mitología nórdica protagonizan este videojuego cuyas mecánicas jugable no son su única peculiaridad.

Pequeñas batallas sobre el tablero

El intentar recrear un juego de tablero implica hacerlo también visualmente, y Wartile presume de una gran personalidad en ese aspecto visual, sobre todo artístico. Tanto nuestras unidades como las enemigas están representadas con pequeñas figuras de acción, mientras que los escenarios, sorprendentemente variados y basados en paisajes del norte de Europa, con dioramas genialmente diseñados y divididos a su vez en casillas. Esto le otorga cierta sensación no ya solo de juego de mesa, sino de verdadera maqueta virtual que le diferencia de otras propuestas jugables similares, aunque a su vez esto deriva en algunos pequeños problemas de los que hablaremos más adelante en este mismo texto.

wartile_3.png Captura de pantalla

Sí es cierto que Wartile es ante todo un juego de estrategia, pero lejos de estar basado en turnos, lo que propone es una acción real en la que cada figura debe permanecer un tiempo de espera para poder moverse y llevar a cabo cualquier acción de las disponibles sobre el tablero. Esto hace que por muy buenos estrategas que seamos y muy bien que planifiquemos nuestros movimientos, se nos exija una buena velocidad de reacción ante situaciones peliagudas, como una cantidad considerable de enemigos o una emboscada inesperada. Afortunadamente, esto se puede solucionar ralentizando la acción, pero lo que ocurre sobre la mesa no espera a nadie, y esto puede llevar irremediablemente a la muerte de alguna de nuestras unidades.

Dicho esto, el máximo de figuras que podemos situar sobre el tablero llega a cinco, que aunque es un número más que suficiente y bien equilibrado en relación a la dificultad de la mesa, a su vez también es más exigente a la hora de gestionarlas. Obviamente, cada personaje tiene sus habilidades derivadas de su clase -bárbaro, lancero, arquero...-, y su situación y movimiento es vital para el éxito de la misión, ya que poner en primera línea a un especialista en ataques a distancia acabará a buen seguro con su vida. En cuanto al movimiento, las figuras aliadas atacan automáticamente a las enemigas que se encuentren a una distancia posible y si a esto unimos el hecho que anticipábamos antes de que la acción no se detiene en ningún momento, hace obligatorio el pensar y calcular no ya el movimiento, sino la posición, ya que es muy necesario estudiar a fondo el terreno -la altura otorga ventaja- para poder tender emboscadas y compensar alguna posible inferioridad numérica.

wartile-asaltos-vikingos-y-sangre.jpg Captura de pantalla

De aquí que, por fortuna y a pesar de los ataques automáticos, nuestra labor como jugador no se limite a mover las figuras con coherencia, sino también a usar las habilidades desbloqueadas de cada figura, que toman la forma de cartas, pero que resulta una mecánica ligeramente confusa. Según suban niveles, cada uno de los personajes irán consiguiendo estas acciones, pero el uso de las cartas no resulta todo lo intuitivo que debería, y aunque parezca una tontería, la simple acción de elegir una y arrastrarla al objetivo puede costarnos cara si no la hacemos con la rapidez y precisión suficiente. Colocar trampas para osos, efectuar un golpe de escudo que aturda al enemigo o, por supuesto, curar a una unidad son algunas de las acciones que pueden llevarse a cabo, estando limitadas por una cantidad de puntos de magia, y siendo imprescindible a medida que avanzamos y la dificultad -bien medida eso sí- aumenta considerablemente. En este sentido, no deja de dar la sensación de ser una mecánica ciertamente desaprovechada, ya que la combinación de estrategia y cartas, contando estas con una mayor profundidad, podría haber hecho aún mejor a Wartile.

wartile-screenshot-1070x602.jpg Captura de pantalla

Y ya que mencionamos la dificultad, hay que hacerlo de lo bien equilibrada que está, sobre todo en cuanto a su curva de aprendizaje. Wartile sabe introducirnos sabiamente cada una de sus mecánicas de manera paulatina, sin abrumarnos con interminables tutoriales o extensos textos de ayuda, y sí aplicar unas pautas para nuestros primeros pasos que nos hacen aprender a jugar sin que se sienta como un anodino y tedioso tutorial. Dicho esto, los primeros escenarios y misiones dan la sensación de no presentar no ya un reto importante, sino de resultar una propuesta simple, algo que algunos entornos después nos damos cuenta de que, afortunadamente, no es así. Wartile sabe resultar un desafío incluso para los más duchos en el género. Pero esa aparente poca profundidad que le podría faltar a nivel jugable la compensa con un sistema de progresión muy bien aplicado.

Como ya es habitual en el género, y que multiplica su variedad, es esta progresión para cada una de nuestras figuras. Durante nuestras incursiones en cada diorama podremos encontrar objetos ocultos como armas, armadura u objetos útiles, lo que a su vez añade un gran componente de exploración y hace que no nos queramos limitar a cumplir la misión principal sin más. Estos objetos luego podrán ser vendidos a un mercader entre cada objetivo principal, y por supuesto, comprar con el dinero obtenido en cofres no solo equipamiento sino también bonificaciones a la defensa, el daño o la salud, por ejemplo.

wartile-1.jpg Captura de pantalla

De esta manera, a medida que una de las figuras aumenta su nivel no solo lo hacen sus atributos, sino también la cantidad máxima de estas bonificaciones que se pueden aplicar, no teniendo porqué estar atadas permanentemente a un personaje, sino que pueden personalizarse constantemente según necesidades de la misión que vayamos a afrontar. Dicho esto, incluso las nuevas figuras están a la venta en la Taberna, aumentando nuestro ejército de vikingos, pero esto tiene una contraprestación importante, y es que afecta de manera negativa a la narrativa, al no tener ninguno de los personajes una importancia vital en la historia, que al mismo tiempo, no tiene un gran peso específico. Sí es cierto que antes de cada misión se nos pone en contexto de porqué debemos hacer lo que vamos a hacer, pero no se sigue una trama conectada, con lo que pierde irremediablemente cierto atractivo.

Conclusión

Wartile se convierte en una alternativa a tener en cuenta dentro del terreno de la estrategia, habiendo sido pulido en muchos de sus aspectos durante el largo periodo de Early Access. Como resultado, nos encontramos con un juego donde la presentación con figuras y dioramas de sus personajes y escenarios es su seña de identidad, pero que también sabe convencer con una jugabilidad sencilla al comienzo y más profunda a medida que avanzamos, con una curva de dificultad excelente. Wartile introduce sus mecánicas muy sabiamente a quien está al ratón y teclado, y a partir de ahí, el jugador conoce perfectamente todos sus entresijos, que son más de los que parece a simple vista. Las batallas a pequeña escala son solo la punta de un iceberg donde también hacen acto de presencia el coleccionismo, la progresión o la exploración, conjugando entre ellas una propuesta muy completa.

Es una lástima que todas sus virtudes queden empañadas por otros puntos débiles como un sistema de cartas confuso y poco intuitivo, y un testimonial apartado narrativo, pero eso no resta enteros a un juego que representa una de las mejores opciones independientes del año en cuanto a estrategia se refiere.

Lo Mejor

  • Su presentación con figuras y dioramas representando personajes y escenarios
  • Variedad en sus clases y tácticas sobre el tablero
  • El sistema de progresión hace más personalizable la experiencia
  • Introduce algunos elementos innovadores

Lo Peor

  • Escenarios y contexto argumental inconexos
  • Sistema de cartas desaprovechado
  • Personajes que no enganchan
  • Falta de profundidad general en su apartado estratégico
7
Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.

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