Juicy Realm (PC)

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Juicy Realm, Análisis

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Nota Meri 6 Correcto

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Cuando vimos por primera vez Juicy Realm no tuvimos duda que iba a ser uno de los más destacados de esta primavera en la escena independiente. Al menos a nivel artístico. A pesar de su humilde presupuesto, el equipo chino de SpaceCan logró convencernos también con su sinopsis, un mundo donde las frutas se hacen con el control del planeta y no solo amenazan la supremacía de la raza humana, sino que directamente la echan por tierra. Sus dos millones de unidades vendidas en el mercado asiático nos obligaban a prestar especial atención al título, que hemos podido analizar en su versión de PC combinando tanto el control con ratón y teclado como también con mando. Por desgracia, este roguelike se queda a medio camino entre un referente en el género y uno de los que pasan desapercibidos.

La jugabilidad no tiene mucha enjundia: un shooter de doble stick con elementos propios del rol, acción en ocasiones desmedida y mucho frenetismo. No es un juego al que enfrentarse con sueño. Hemos de decir que nos ha sorprendido gratamente lo bien calibrado que está el control con gamepad, haciendo que sea totalmente cómodo movernos y dirigir la posición del disparo simultáneamente. Después de una presentación breve, con un tutorial de solo un par de minutos, tenemos por fin a nuestra disposición esta breve aventura que esconde una rejugabilidad total.

juicy_realm_12.jpg Captura de pantalla

Un total de 4 personajes con arma en mano, para cual más extravagante –nos quedamos con el tipo de las gafas voluminosas–. Una declaración de intenciones en la que se dejan de lado explicaciones o intentos de trascendencia argumental. La premisa es clara: una amenaza que solo puede saldarse a cambio de tiros. Poco pacifista y mucho menos naturalista, este viaje arranca con sabor a plomo. 

Sin muchas explicaciones: a disparar

Aunque también se puede jugar en modo Duo, nuestro primer run lo completamos en Solitario para comprobar si tanto la curva de dificultad como la inteligencia artificial podían ponernos de verdad en un aprieto en su nivel de dificultad medio de los tres disponibles. Estaremos de acuerdo en que un buen roguelike debe ser un desafío, sobre todo viendo el nivel tan alto que han presentado otros referentes de la escena independiente con The Binding of Isaac como gran abanderado por su éxito internacional. Juicy Realm ni siquiera se acerca a la calidad del juego de Nicalis, tampoco al milimetrismo de Enter the Dungeon o los aires bizarros de Nuclear Throne, pero su estilo artístico nos mantuvo pegados a la pantalla hasta ver los créditos finales. Lo más reciente que nos viene a la cabeza es The Swords of Ditto, sobre el cual se sitúa un par de peldaños por debajo.

Uno de los problemas que hemos encontrado es que de entre los cuatro personajes seleccionables, las diferencias entre ellos no se traducen en cambios mecánicos; tampoco en movilidad. Una oportunidad perdida al limitar esas disimilitudes casi meramente a lo estético, pero parece que el interés de SpaceCan era diseñar buenos niveles por encima de todo. No es óbice, no obstante, diseñar escenarios memorables para desatender un elemento fundamental como es la personalidad de tus avatares, que restan rejugabilidad al ser tan parejos.

Por suerte sí se ha empleado más empeño en los enemigos, con patrones bien diferenciados entre sí, ataques únicos y animaciones de desaparición dignas de ser vistas. Tenemos muchas ganas de ver cómo se comporta el juego cuando se ponga a la venta en la ya confirmada versión de Nintendo Switch. En la medida en que iban pasando las fases nos íbamos encontrando con rivales ostensiblemente más inteligentes, con envites más difíciles de evitar sumado al diseño de los escenarios, que nos dan menor cobertura de movimiento. Con todo, el progreso existe; el diseño del juego es coherente y no es únicamente más agresivo. A diferencia que con Enter the Dungeon, donde teníamos mazmorras más cerradas, aquí los espacios son más abiertos, claramente pensando en el multijugador o en que no paremos de movernos. En ese sentido el ritmo de juego es acertado.

juicy_realm_14.jpg Captura de pantalla

Una macedonia de color

En el camino nos encontraremos diferentes puntos en los que mejorar las armas –que es lo único que puede servir de aliciente para jugar una segunda partida y sentir verdaderos cambios mecánicos–, jefes de final de zona y pequeñas bromas para amenizar las pausas. Es en esas pausas donde se va narrando el argumento, que tiene referencias a otros videojuegos como la sartén de PlayerUnknown’s Battlegrounds, por ejemplo. El problema es que Juicy Realm no aporta nada al género; ni en su diseño de niveles ni tampoco el de las armas. Hereda elementos de los títulos mencionados, pero si vienes de alguno de ellos esta experiencia te va a saber bastante a poco.

Cabe decir que los puntos de vida no son ilimitados sino que la muerte final es permanente, obligándonos a comenzar desde el principio del juego sin mejoras ni recordando alguno de los check-points que hayamos tomado anteriormente. Podemos tardar aproximadamente 4 horas en terminarlo; no en vano hay que andarse con ojo para no tener un desagradable susto que pagaremos muy caro. A este respecto parece más un título de recreativa, lo cual favorece a la sensación de inmersión y tener el radar constantemente puesto a lo que se muestra a nuestro alrededor.

juicy_realm_13.jpg Captura de pantalla

Hay también pocos puntos para restablecer la salud, lo cual evidencia el cariz defensivo de las partidas. No está pensado tanto para abrir fuego a diestro y siniestro como para pensar bien adónde disparamos y cómo nos desplazamos. Podríamos dividir su estructura en cuatro grandes enfrentamientos contra jefes, cuatro niveles de más o menos una hora de duración; y a colación diremos que también nos ha dejado con ganas de más el diseño de los mismos. Los bosses utilizan patrones de ataque excesivamente fáciles de identificar, ataques pedefinidos que una vez conocidos será cuestión de minutos hasta que acabemos con ellos.

La gracia está, por tanto, en la alocada variedad de armas y utensilios a nuestra disposición, un juego que da para todo tipo de memes si finalmente hace ruido en las redes sociales. Es quizá lo poco que se toma en serio a sí mismo lo mejor de Juicy Realm, que desde el primer momento rompe la cuarta pared y demuestra respeto a la industria del videojuego. Se nota que SpaceCan es un estudio con margen de mejora, pero sus referentes son los correctos. Su camino es el correcto. Tenemos ganas de ver de lo que son capaces de hacer próximamente o si le darán una vuelta a este proyecto en el futuro. De haber salido a la venta solo un par de años antes otro gallo hubiese cantado. Por pedir, nos hubiese gustado un modo multijugador online.

juicy_realm_1.jpg Captura de pantalla

Conclusión

Es una lástima que Juicy Realm cuente con tan poca profundidad. Detrás de su preciosita diseño y desenfadada propuesta jugable, tenemos un título que se olvida de elementos que dan identidad a un buen roguelike. Simplista en su ADN, el proyecto de SpaceCan no se preocupa por el aprendizaje de habilidades, tampoco por la subida de niveles, sino que se convierte en una experiencia de fin de semana para disfrutar con amigos. Pero poco más. Ni su contenido ofrece más de cuatro horas de partida ni sus jefes son lo suficientemente desafiantes como para intentarlo de nuevo con otras armas.

Un título cultivado sobre este prolífico género en la escena independiente debe ser rejugable: Juicy Realm no lo es precisamente. Notable en su propuesta pero a medio camino en su ejecución, nos sentimos con ganas de mucho más después de esta ensalada de frutas, disparos, luz y color. Una lástima.

Lo Mejor

  • Precioso a nivel artístico: un frenesí de color.
  • Diseños y animaciones más que notables.
  • Estilo y cómo rompe la cuarta pared; nos hará esbozar alguna sonrisa.

Lo Peor

  • Sin diferencias entre personajes y con apenas progresión individual.
  • Las armas tampoco presentan muchas diferencias más allá de lo estético.
  • Apenas rejugabilidad y sin multijugador online.
6
Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.

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