Sangre, sudor y sexo: el Drácula de la Hammer

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caroline-munro-66080901-660x374.jpg Captura de pantalla

Nadie es profeta en su tierra, ni siquiera los monstruos. Drácula había sido un éxito abracadabrante en Reino Unido, pero la crítica consideraba que Bram Stoker era un autor menor y efectista. Nada que ver con la cultivada Mary Shelley y su Frankenstein o el moderno Prometeo, eterno espejo en el que se miraba (sin verse), el chupasangre. Sin embargo, al público le encantaba, y así lo demostró yendo masivamente a la adaptación teatral que realizara Hamilton Deane en 1924. Tuvieron que pasar la friolera de 34 años para que el Príncipe de las Tinieblas volviera a la tierra que le vio nacer. Fiel a su tradición, quien exhumó su mito no fueron los grandes intelectuales, sino un voluntarioso y popular estudio.

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