Crítica de Star Trek: En la Oscuridad

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La caja misteriosa de abrams, ésa que de niño prefirió no abrir para alimentar su imaginación, parece que poco a poco se está haciendo de metacrilato. Los secretos, los giros rompecinturas, los juegos de ingenio, los cruces de referencias que hay en la segunda parte de su redimensionada Star Trek los ha adivinado media blogosfera antes de que ocurriesen. Perdida la sorpresa y con la historia de origen ya contada, ¿qué nos queda? Su extraordinaria habilidad para contar historias con cuatro elementos y la evocación constante de esas películas-acontecimiento que marcaron infancias. Basta ese prólogo adrenalínico, una carrera en la que en cualquier momento podría cruzarse el Indy de En busca del arca perdida. O esa elipsis silente sobre el padre de la niña enferma que recuerda poderosamente a aquella de A. I.: Inteligencia Artificial. ¿Dos spielbergs en una película de Abrams? En cualquier caso, más que suficiente como para seguir con interés la odisea galáctica de Kirk y los suyos, ¿no?

star-trek-en-la-oscuridad.jpg Captura de pantalla

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